Angustiados, molestos y cansados se encuentran los vecinos de la calle Kawésqar de la población Shuka II por una familia que altera la tranquilidad del sector con continuas riñas, donde incluso han utilizado armas blancas, desórdenes y gritos.

Tal es su impotencia ante la falta de una solución que decidieron escribir una carta a la gobernadora Ana Mayorga, para que tome conocimiento de la situación y se busque una solución.

La carta lleva la firma de prácticamente todos los vecinos de la calle, quienes indicaron que a lo anterior se sumó en la madrugada del lunes la conducción en estado de ebriedad de un vehículo deportivo por parte de un menor de edad que vive en dicho domicilio, provocando ruidos, escándalos, acelerándolo y derrapando por toda la cuadra y alrededores, para finalmente chocar otro vehículo que se encontraba estacionado, el cual por inercia golpeo la reja del inmueble de su propietario provocándole daños.

Por este escándalo los vecinos del lugar despertaron pasadas las 4 de la madrugada del lunes, siendo testigos de lo sucedido.

Por el mencionado hecho tres personas fueron detenidas por Carabineros, entre ellas, el menor de 16 años que conducía el vehículo en estado de ebriedad y sin licencia de conducir. Finalmente los tres quedaron en libertad con un plazo de investigación en su contra de dos meses.

En la carta enviada a la gobernadora los vecinos expresan que lo anterior es lo que ocurre habitualmente en este sector de la población, lo que ha sido denunciado en reiteradas oportunidades tanto a Carabineros, como a la PDI y otras autoridades, a quienes les entregaron diversas pruebas, sin contar hasta el momento con una respuesta que ponga término a este problema, que se prolonga desde hace años.

En la carta enviada a la gobernadora indican que “para nosotros los vecinos esta forma de vida se hace cada día mas insostenible. Que estamos esperando ¿qué ocurra una tragedia?”.

Manifestaron que no era justo que salieran con temor hacia sus trabajos pensando que algo pueda ocurrir. Añadieron que tampoco era justo para los adultos mayores que viven en el lugar; para ellos que viven con miedo, sin poder descansar tranquilos en sus hogares, donde duermen a sobresaltos.

También califican de injusto que se vean en la disyuntiva de tener que vender sus casas para vivir en un lugar más seguro, donde sus hijos puedan salir tranquilos a la calle.