Esperanzados y serenos se encuentran hoy los padres y hermanos de Krishna Barrientos Cárdenas quien se encuentra junto a ellos en Puerto Natales luego de ser intervenida quirúrgicamente en el Hospital Luis Calvo Mackenna para una reconstrucción de extremidades, a la que debió ser sometida luego de ser operada en dos ocasiones en el Hospital Clínico de Magallanes.

Todo se originó en abril del año pasado cuando la alumna del Liceo Salesiano Monseñor Fagnano comenzó a sentir calambres y dolores intermitentes en su pierna izquierda. Sus preocupados padres la llevaron al Hospital Augusto Essmann de Puerto Natales, donde en varias ocasiones se le indicó que se trataba de una contractura muscular. Luego de casi dos meses se le diagnosticó una fractura de cadera presumiblemente provocada por su crecimiento. Tras ello fue derivada al Hospital Clínico de Magallanes en Punta Arenas donde la operaron. Con el fin de fijar el hueso se le instaló un tornillo. Ante los malos resultados se le volvió a operar, esta vez para instalarle una especie de arandela. A los dos días de la intervención inició su tratamiento con kinesiólogo. Sin embargo, sus padres veían que la menor cada día presentaba mayores dolores, a lo que se fueron sumando diagnósticos cada vez más graves como el hecho que la pierna le había quedado más corta. Ante ello decidieron atenderla de forma privada. Tras sus reclamos y luego de una reunión con el director del Servicio de Salud Magallanes, nuevamente volvió a ser atendida en el servicio de salud pública, determinándose derivarla al Hospital Luis Calvo Mackenna, en Santiago, para ser revisada por un traumatólogo infantil de cadera.

Para este nuevo viaje debieron, tal como ya lo habían hecho, apelar a la solidaridad de los natalinos, realizando diversos beneficios. 

Era primera vez que Krishna y su madre Vanessa Cárdenas viajaban a Santiago. Sin embargo, en el aeropuerto de la capital del país, Arturo Merino Benítez, fueron recibidos por personal de Carabineros que las trasladaron a su hospedaje, en una gestión efectuada desde la 2ª Comisaría de Puerto Natales.

Según dijeron los papás de Krishna, antes de viajar al norte del país, en el hospital de Natales gestionaron la posibilidad de que la menor y su madre fuesen recibidos en una casa de acogida en Santiago, sin embargo la respuesta entregada fue que no había cupo. Sin embargo, al llegar a la capital resultó que sí había cupo, pero para optar a ello le informaron que debía haberse gestionado con anticipación. Ante ese escenario, debieron irse a una casa de familia ubicada en la comuna de Pudahuel, donde debían pagar $25 mil diarios y luego $30 mil diarios para trasladarse en Uber cada vez que debían concurrir al hospital Calvo Mackenna. 

Ello provocó que luego de dos semanas (estuvieron más de 30 días) quedaran sin dinero por lo que se debió realizar una campaña en el Liceo Salesiano Monseñor Fagnano para ayudarles. A su vez, la Gobernación Provincial de Ultima Esperanza canceló los restantes días que quedaron en la pensión.

Exitosa operación

Vanessa Cárdenas recordó que al llegar al hospital de Santiago fue recibida por el doctor José Hevia, quien lo hizo acompañado de cuatro médicos más. Ella llevó copias de los exámenes realizados en la región, porque éstos no fueron enviados desde el hospital de Punta Arenas, desde donde sólo se remitió un informe escrito de página y media, indicando en la práctica que se había efectuado una atención adecuada y que los dolores que sufría la menor eran de carácter psicológicos.

En Santiago el caso fue tratado de una forma muy diferente, efectuándose una junta médica donde participaron cerca de 15 médicos. Tras ello se determinó nuevamente operarla para extraer el tornillo y arandela instalada en Magallanes y colocar un nuevo tornillo, esta vez a la altura de la cadera y no del fémur. 

Pese a encontrarse sola (su esposo debió quedarse en Natales para cuidar a sus otros tres hijos) Vanessa por primera vez estaba confiada. “Vi otra realidad. La preocupación y dedicación mostrada por el equipo médico de Santiago me dio confianza. Ya no era la decisión de una sola persona sino que era un grupo de profesionales que estaban preocupados por mi hija. Por primera vez sentí que se preocupaban de verdad por ella”, relata la mamá. 

La operación demoró más de tres horas. En esos momentos se comunicaba de manera permanente con su esposo y sus otros hijos. Su esposo Carlos Barrientos manifestó que “tratamos de unirnos lo más posible y transmitirle tranquilidad a la mamá que se encontraba sola y asustada”.

Sin embargo Krishna salió sonriendo saludando efusivamente a su mamá. Desde ese momento todo ha sido mejor. En agosto nuevamente deberán viajar a Santiago para ver los resultados de la operación e iniciar recién el tratamiento con kinesiólogo.

Sobre lo realizado en Magallanes, le explicaron en Santiago que “la operación estuvo mal. El tornillo que le colocaron en la primera operación era muy largo. Por eso en la segunda operación le colocaron una arandela que le impedía rotar la pierna, se la dejó más corta y le causaba dolor al chocar contra el cartílago que se iba regenerando”, declararon los padres de la menor.

Hoy los dolores desaparecieron, puede rotar su pierna, la rodilla que estaba hacia fuera quedó en su lugar y ambas piernas tienen el mismo tamaño.

Carlos manifestó que “perdimos dos meses en Natales y mi hija sufrió dos malas operaciones en Punta Arenas. Tuvimos que recurrir a la atención particular y golpear muchas puertas y hablar con muchas autoridades y luchar para que nuestra hija tuviese una atención adecuada”

Pese a ellos nadie ha dado la cara hasta el momento ni les ha dado una explicación. “Estas cosas no pueden pasar no solamente a nosotros sino que a nadie”, expresaron.

“Con el apoyo de mis papás ha estado todo bien”

Krishna Montserrat, tiene doce años y estudia en el Liceo Monseñor Fagnano donde cursa el séptimo básico. En dicho establecimiento ha estado desde prekínder con casi los mismos compañeros, quienes durante todo este tiempo han estado en contacto con ella y preguntándole si los acompañará en el segundo semestre.

Desde el año pasado su vida sufrió un giro, sin embargo ella reconoce con una delicada voz que “ha sido difícil pero con el apoyo de mis papás ha estado todo bien”. Sobre los médicos que la atendieron en nuestra región manifestó que “tendrían que ser responsables porque para eso estudiaron. En Santiago los doctores me trataron súper bien, eran amorosos. Ahora me siento bien”.

En un comienzo pensó que “era culpa mía, que no me había cuidado, pero después me di cuenta que era culpa de los doctores que dieron un mal diagnóstico”.

Sus últimas palabras fueron de agradecimiento a sus compañeros de curso, al Liceo Monseñor Fagnano y a la comunidad natalina “nunca pensé que me iban a ayudar tanto”, manifestó.