Desde mi Balcon Natalino: Don Francisco y los testimonios de un Chile clasista

Escrito por Ramon Arriagada S. | 28 de Junio de 2017 43

Ramon Arriagada Hace algunos días recibí una invitación para participar en un concurso literario destinado a escribir una novela corta, basada en aventuras que tuvieran como escenarios los mares australes, en especial nuestro estrecho de Magallanes. Poco a poco se está motivando a los ciudadanos de Chile y en especial de nuestra región, sobre lo que será en el año 2020, la celebración de los 500 años del descubrimiento de nuestro paso bioceánico.

Será un homenaje en el tiempo al valeroso navegante portugués, Hernando de Magallanes, quien partió desde Sevilla el 10 de agosto de 1519, con una flota de cinco naves en la posibilidad de encontrar una nueva ruta hacia las Indias, para suministrar a Europa muchas y ricas especias. Más allá de las crónicas históricas, quienes mejor han llegado al gran público lector con las aventuras de Magallanes y sus tripulaciones, han sido novelistas como Stefan Zweig, quien escribiera un relato excepcional titulado “Magallanes, el hombre y su gesta” (1938)

Espero que a raíz de esta fecha tan importante para la historia de las navegaciones, aparezca por las librerías chilenas un libro del cual guardo gratos recuerdos, fue escrito por el escritor uruguayo Napoleón Ponce de León y lleva por título “Maluco, la novela de los descubridores”. Es un informe del viaje supuestamente escrito por Juanillo Ponce, el bufón de la flota, dirigido al ya retirado Carlos V. Una joya para aquellos lectores de libros históricos que les gusta plantearse una duda sobre la veracidad de la historia oficial.

Me gusta definir Historia como “el arte de recordar”. Bien sabemos que la historia es a veces una distorsión consciente de los hechos a través de omisiones, exageraciones o anacronismo. El relato del bufón “Juanillo” describe rasgos tan humanos de estas grandes empresas de descubrimientos, con integrantes cuyos propósitos inmediatos era encontrar en uno de los recodos de la navegación, mucho oro y piedras preciosas. Sin importarles si la tierra era plana o redonda.

Por ello el relato de “Juanillo”, describiendo las intrigas de los acompañantes de Magallanes, las envidias de los capitanes españoles hacia el comandante de la escuadra, por el hecho de ser portugués. Las costas patagónicas y el estrecho, que después llevaría el nombre del amo de “Juanillo”, serán los escenarios de la traición. Los acontecimientos en la bahía de San Julián, nos ilustran de cómo los inhóspitos territorios de la Patagonia invitan a regresar a España. Momentos de bajas pasiones, traiciones e intrigas contra el pobre Magallanes, que insiste en continuar dando la vuelta al mundo.

En mi libro “Juan Ladrilleros, el navegante olvidado” (2004), hay un relato que refleja el momento cuando aparece navegando por el río Guadalquivir, subiendo desde Sanlúcar de Barrameda con dirección hacia Sevilla la nao Victoria, son los primeros días de 1522; es la imagen perfecta de un barco fantasma que asusta, pues muestra una embarcación deteriorada con tripulantes cansados y andrajosos.

Los homenajes son para los sobrevivientes del Victoria y su capitán Sebastián Elcano. Muchos esperaban ver a Magallanes, pero no llegó, y desde un comienzo se transmitió la imagen de un jefe de expedición tirano e irracional en sus determinaciones de navegación. La llegada de un navío completando la navegación, cargado con 520 quintales de especias, se le asignaba a Elcano. Era el actor principal de una navegación que significó comprobar que la tierra era una esfera giratoria donde todos los mares forman un solo mar y donde ninguno de los sobrevivientes vio antípodas que caminaban de cabeza.

La envergadura del gran Hernando de Magallanes, tomará forma años más tarde al examinar los expertos de palacio, encontrándose con una bitácora, la redactada por Pigafetta, con omisiones inauditas. La confesión de uno de los capitanes fieles a Magallanes, Alvaro de la Mezquita, sobreviviente, llevó a los monarcas a la conclusión que su confianza había sido bien entregada al incomprendido navegante lusitano.