Desde mi Balcón Natalino: Que grande se vino el río

Cartas

Viniendo de regreso a Magallanes, trato de obtener información sobre lo que está sucediendo en Puerto Natales, producto de las prolongadas precipitaciones. Las lluvias torrenciales y sus efectos en una ciudad como la nuestra, poco o nada interesan a los medios de comunicación nacional. Escaso es lo que logro recoger sobre los daños dejados por este fenómeno climático, tan poco común en la Patagonia.

Para obtener más noticias me informo a través de los grupos de WS a los cuales estoy unido y a conversaciones de cercanos.

El río, chorrillo o estero Natales, tuvo una salida de madres, reacción propia de una “crecida de los cien años”, a la cual se refieren los investigadores pluviométricos. Dejó de ser un hilillo inofensivo a un generador de damnificados. El agua está cortada para todos, pues el anticuado sistema de captación de Aguas Magallánicas, colapsó estrepitosamente. Ahora le enturbiaron las aguas como cien tanques de esos que manda la naturaleza.

No he podido estar con los demás directivos de la Cámara de Turismo, pero he visto los esfuerzos de ellos para regularizar el abastecimiento de agua en los hoteles; es temporada y hay ya alto número de pasajeros, que además quieren alimentarse.

Los turistas poco entienden esto de la falla de abastecimiento de agua, producto de lluvias prolongadas. En sus países, este factor pluviométrico está dentro de lo presupuestado y con soluciones de emergencias ya tomadas.

Estos acontecimientos que nos manda la naturaleza, dejan al descubierto nuestras falencias urbanísticas. Se han implementado bonitas veredas y pavimentos. El progreso ha llegado hasta el último rincón de nuestro paisaje urbano, no obstante, nos hemos olvidado de dotarlo de un sistema de evacuación de aguas lluvias. Dicen los entendidos que la ciudad no lo necesita porque está “cuesta abajo”. Pero el torrente que antes era escaso, con el cambio climático, será más persistente, y seguirá escurriendo a través del alcantarillado domiciliario e ir a dar a la planta de tratamiento de aguas servidas. Estas instalaciones, ante cualquier emergencia, abre sus compuertas para que nuestro canal Señoret se tiña de un tono arcilloso -pero alimenticio- para la fauna del lugar.

Otra de nuestras falencias: la falta de documentación respecto de las zonas inundables, no aptas para ser habitadas. Este evento puede ser aprovechado para identificarlas, sobre todo aquellas cercanas al torrente del Natales, el cual ya no podrá ser ignorado, como hasta ahora. Pero ello pasa por agilizar de manera urgente el Plan Regulador. Nuestras organizaciones sociales debieran presionar al municipio, para que éste cumpla su papel y logre materializar su entrada en vigencia. Ya es hora que el alcalde aclare la demora de su puesta en marcha.

El Plan Regulador en cada una de las ciudades de Chile, se ha ido transformando en una barrera infranqueable, contra tanto apetito inmobiliario. La especulación territorial se ha transformado en un freno para el desarrollo equilibrado de muchas ciudades. Los vecinos organizados toman fuerza y presionan. En Valparaíso junto a su alcalde, Jorge Sharp, respaldan la suspensión de un proyecto inmobiliario, que implica destruir el Parque Pumpin. En Ñuñoa la presión obligó a revisar todos los permisos de construcción, la Contraloría dijo en su informe, que nueve de 10 permisos de edificación tenían errores.

En Concepción, los vecinos se rebelan contra lo que llaman una “santiaguización” estética del área urbana penquista. La presión seguramente terminará no permitiendo que se construyan 800 departamentos en una superficie pequeña, al estilo de los “guetos verticales” de Santiago. En Puerto Varas, el alcalde Ramón Bahamonde, valientemente, detuvo la materialización de una enorme cantidad de permisos de edificación, “incluso la construcción de 800 casas”; congelaron la entrega de nuevos permisos, hasta el próximo año, mientras se tramita el nuevo Plan Regulador y el Plan Maestro de Aguas Lluvia.




Utiles