Desde mi Balcón Natalino: Los evangélicos y la derecha

Cartas

Difíciles momentos para el mundo evangélico en Chile luego de la toma de posiciones de algunas de sus autoridades, al parecer, las más representativas, aprovechando la ceremonia masiva en su Catedral. Muchos de los seguidores metidos en las enseñanzas de la Biblia, desconocen los temas terrenales, son incapaces de balbucear una respuesta frente a cuestiones político-morales y contingentes. Son los sacudones de las instituciones confesionales, cuando los jefes, en los cuales la masa confía como realizadores de sus propios instintos de fuerza, deciden bajar a lo terrenal e inmiscuirse con el poder.

Desde hoy en adelante la relación entre el poder político y la Iglesia Protestante en Chile, será diferente. Quedó atrás, la imagen del tranquilo ciudadano, que los días domingo, partía ordenadamente con su familia a convivir el séptimo día con sus hermanos de comunión; la ética protestante decía que los países con gobernantes de esa religión eran más exitosos económicamente en comparación al mundo católico. El influjo del protestantismo llevaba a las personas a sentir amor por el trabajo, la honradez, el ahorro y un apego permitido por lo material.

Hasta ahora, los jefes de las Iglesias Protestantes, en esta parte del continente americano, no habían optado por las cuestiones mundanas como la política. Desde un tiempo a esta parte, los hemos escuchado repetidamente, a pastores, hablar de la necesidad que miembros de los credos protestantes participen en elecciones ciudadanas. Al parecer las próximas elecciones en Chile serán el bautizo de fuego, donde hay predisposición, por lo visto, a dar y recibir.

Sociológicamente el protestante siempre se ha identificado en el espectro político con la derecha. Y los primeros teóricos de la sociología, como el caso de Max Weber, autor del libro “La ética del protestantismo y el espíritu del Capitalismo”, afirmaban que el protestantismo fue -ante todo- la justificación ideológica del capitalismo. En otras palabras, el nuevo industrial, necesitaba de una religión, alejada en su concepción católica y medieval del individuo.

Por ello, es contemporánea la Revolución Industrial, al cisma de la Iglesia y la aparición de Lutero. Es que el nuevo industrial empezó a considerar que el pobre se veía en tal estado por razones de pereza, inmoralidad o intemperancia. Las circunstancias nada significaban, no veía en la pobreza un infortunio merecedor de compasión y socorro; sino una falta moral condenable y en la riqueza, no un objeto de sospechas. La riqueza era un don, una bendición que premiaba el triunfo de la energía y de la voluntad. La clase comercial emergente se adaptó fácilmente a una nueva perspectiva basada en el principio “ayúdate y Dios te ayudará”. Con este principio, la riqueza no tardó en aceptarse como un signo de aprobación divina, y la pobreza como un pecado. No olvidemos que en la Edad Media, el pobre “representa a Nuestro Señor de una manera notablemente clara”.

Extraña situación la chilena, ya que en toda su historia, son los gobiernos representantes de la oligarquía quienes se oponen a la separación de la Iglesia Católica del Estado y a la libertad de cultos. Uno de los pastores estrellas del reciente Te Deum dominical, recordaba que por muchos años los muertos protestantes, debían ser sepultados en forma subrepticia en los cementerios católicos. Fueron siempre, los partidos de izquierda, quienes lucharon por dar lugar a las disidencias en lo político, religioso y cultural. Muchos grandes oradores de partidos de izquierda y organizaciones obreras, venían de cultos de predicación callejera.

Algo pasó en los años del pinochetismo con una parte de las Iglesias Evangélicas en Chile; fueron neutralizadas respecto de la violación de los derechos humanos; se transformaron en agrupaciones alejadas del mundo social, incluso fueron condescendientes al régimen, demarcando tristemente su distancia con respecto a la Iglesia Católica, comprometida con las vicisitudes de una sociedad intervenida y restringida en sus derechos.

La jefatura evangélica chilena reunida en su templo el domingo recién pasado, en un acto republicano, quiso cerrar la puerta a todos sus errores, el problema estuvo en que la verdad se les quedó afuera.

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