Desde mi Balcón Natalino: Chile, el país de los ciudadanos calladitos

Cartas

Uno de nuestros cómicos se condolía de tener un amigo político, tan pobre, que para hacerse conocido en una elección, se colgaba sonriente en los postes del alumbrado del pueblo. Tragicómico, pero cercano a la realidad de esta campaña electoral, donde no hay manifestaciones partidistas, hasta el punto, que si no fuera porque está en disputa la primera magistratura del país, la rutina ciudadana, haría sucumbir el empeño de chilenos que desde sus puestos de consejeros regionales o diputados quieren aportar a la democracia del país.

Todos estamos empeñados de ayudar en este proceso electoral para disminuir una de las enfermedades del sistema democrático, como lo es, la indiferencia ciudadana, la temida abstención. Es grave pues en nuestra realidad política, esta pandemia ciudadana universal, afecta de preferencia a los votantes más jóvenes. En la actividad política son los automarginados. Ya no son “la levadura del pan que saldrá del horno con toda su sabrosura”. Añeja concepción de cuando los jóvenes llevaban a todos los lugares sus rebeldías y sus ideas rupturistas en los debates. Los brotes verdes en la política partidista de nuestros días son escasos. El consumismo los sacó del eje social y optaron por el individualismo.

No hay que tener un dominio teórico para concluir, que en el Chile de hoy con la Democracia Parlamentaria -por el hecho de elegir- en los días de contienda electoral, nos hace sentir instancias ilusorias de democracia plena. Los resultados electorales sólo nos harán comprobar el grado de organización social de los que triunfan a costa de la desorganización de los derrotados. Las preferencias del próximo domingo, nos permitirán constatar, si la cautela de posponer ambiciones individuales de la Derecha en Chile, fue más efectiva que las dispersiones y gustos personales observados en el progresismo.

Difícil es lograr una mayor estima de los chilenos hacia la democracia parlamentaria. Queda la sensación en el ciudadano que sus gestores crean su propia burocracia de la cual se retroalimentan. Hay la sensación térmica, que los parlamentarios viven para los suyos, ajenos a las personas y la problemática que los rodea. No hay acceso a la comprensión de las decisiones colectivas mediante mecanismos de participación ciudadana.

Movimientos ciudadanos, asociaciones gremiales, juntas de vecinos, potencialmente generadores de decisiones colectivas, gracias a sus mecanismos de participación tradicional - para poder funcionar- se ven obligadas a aceptar subvenciones de los gobernantes. Pero en muchas oportunidades la autoridad política las institucionaliza. Sucede con muchos Alcaldes, que hábilmente usan el sometimiento por el compromiso entregado, imposibilitando toda capacidad de crítica desde la base social. Aplican muy bien aquello, “El que se mueve no sale en la foto”. La relación entre gobierno municipal con carteles de la droga en una comuna de Santiago, mostró lo dramático de una sociedad civil amordazada. Una sociedad de ciudadanos calladitos.

Pero nuestro sistema, aún tiene sus mecanismos de defensa vigentes, para resguardarse de deformaciones de la Democracia. Muchos fueron los seducidos, ante la posibilidad que quienes ostentan el poder económico pretendieran como norma costear los gastos de los partidos políticos, a través del financiamiento irregular, para procurar una legislación favoritista (léase Ley de Pesca). Siempre estamos expuestos de caer en una Plutocracia, donde manda el poder económico, en un intercambio extraoficial de favores, desgraciadamente transversal en cuanto a los comprometidos del espectro político. No todo está perdido. Este domingo es posible ganarle al partido de los desencantados y a la Plutocracia.