Un centenario mistraliano para celebrar en Puerto Natales

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Gabriela Mistral dijo que siempre llevaría a Ultima Esperanza en el corazón. Siendo directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas viajó a estas tierras en enero y febrero de 1919. Antes de partir a Temuco a cumplir con otras responsabilidades encomendadas por el Ministerio de Educación, el día 30 de mayo de 1920, concede una entrevista al diario La Unión de Punta Arenas, donde entrega sus impresiones sobre su estadía por dos años en estos territorios.

Dice que la llegada del invierno le hacía caer en instancias de depresión, porque el paisaje era triste y sus alumnos llegaban a veces a pie pelado en las mañanas de nieve y ello le angustiaba. Enfatiza en la entrevista, refiriéndose a la estación invernal, “sin él, yo hubiera hecho tal vez de esta región mi tierra definitiva”. Critica el hecho que para ganar tierras de cultivos quemaron la vegetación que rodeaba a Punta Arenas: “Si el paisaje de Ultima Esperanza estuviera más próximo, si no hubieran quemado a la ciudad la guirnalda de bosque, la belleza ayudaría tal vez a vivir los días duros del clima”.

Luego resalta entusiasmada de su viaje a Puerto Natales, “pero hay que ir muy lejos para encontrar la hermosura de la tierra que yo he tenido en otra partes como mi mejor consolación y confortación. De mi viaje del año pasado, tengo cuadritos, poesías breves que yo entregué a mi amigo don Carlos Foresti, para ilustrar un álbum artístico, que proyecta sobre la Patagonia chileno-argentina”.

El conflicto estalla en Bories y Natales



Reiteradamente invitada por su amigo Rogelio Figueroa, propietario del Hotel Tres Pasos y próspero empresario con bodegas en el naciente Puerto Prat, viaja a Ultima Esperanza, cuyo núcleo poblado era Puerto Natales, creado por un decreto del 31 de mayo del año 1911. El poblado no contaba con más de 1.000 almas, con mucha población obrera de temporada en los meses de verano, cuando entraba en funciones plenas el Frigorífico Bories. El establecimiento recibía el ganado ovino que llegaba de las estancias de propiedad de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, cuyos campos se extendían desde la cordillera Baguales a llanuras de Diana.

De la venida de Gabriela Mistral, acompañada de su amiga y colega, la escultora Laura Rodig, hay un antecedente en el libro de Jaime Quezada: “Bendita mi lengua sea. Diario íntimo de Gabriela Mistral”. Luego de dar antecedentes de cómo los magallánicos celebran las fiestas de fin de año, hace referencia a su próximo viaje. “El 10 de enero quedo libre; el 15 salgo para Ultima Esperanza, se me alarga el territorio. Me iré cualquier día y me llevaré estos paisajes y desolaciones”.

En ese mes de enero de 1919, las noticias desde Puerto Natales no eran de las mejores; había mucha tensión social producto de las relaciones entre la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego con sus operarios de campos y frigoríficos. Los nubarrones desde el norte llegarían a Punta Arenas, con las noticias de los tristes enfrentamientos entre trabajadores y personal de la administración del frigorífico apoyados por carabineros, con un lamentable saldo de seis operarios y cuatro carabineros muertos. El día violento en Ultima Esperanza fue el 23 de enero de aquel año 1919.

Belleza y desolación



Son pocos los biógrafos de Gabriela Mistral que se refieren al viaje a Ultima Esperanza. Información valiosa e incluso una fotografía la entrega Dusan Martinovic en su libro Gabriela Austral. Recomiendo leer de nuestro Premio Nacional Roque Esteban Scarpa su obra La desterrada en su patria (editorial Nascimiento, 1977), quien afirma: “creyó que en Magallanes, como en su alma, había una gran desolación, nos honró llamando a su primer libro con el nombre del alma de ella en ese entonces”. Muchos de los poemas en “Desolación”, parte titulada “Naturaleza”, nos transmiten los sentimientos que le producen las vivencias del viaje. Al pasar por caminos argentinos en el sector del Rubens queda consternada al ver los restos humeantes de bosques nativos, destruidos por el hombre para así ganar terrenos para el pastoreo.

Qué significativo sería hoy llevar a los jóvenes a dicho lugar y leer con ellos en voz alta “Arbol muerto” y el hermoso poema “Tres árboles”. Sería la mejor vivencia de cómo la poesía puede ayudar a los hombres a cuidar su entorno. Quien no se conmueve al leer “Desolación” y encontrar los siguientes versos… ”La tierra a la que vine no tiene primavera: tiene su noche larga que cual madre me esconde”.

La fecha de los poemas donde está presente el tema de la destrucción del bosque es el 2 de febrero de 1919. En aquella época el camino de Punta Arenas a Puerto Natales pasaba por territorio argentino atravesando los cauces de los ríos Penitente y Rubens, para llegar a Rospentek.

Celebración centenaria



Más tarde no podrá evitar detener el vehículo que la lleva al norte de Puerto Natales, hacia Tres Pasos. Desde lo alto del camino observa el Frigorífico Bories. Es un día de verano magallánico y escribe “Fiordo azul”, poema breve, no publicado, que merece una doble lectura. “Agua muda pudorosa/ de su dolor. Yo te traigo/ el mío, que entre los hombres/ va como el tuyo, callado”. Coincido con Roque Esteban Scarpa sobre la existencia de una silenciosa comunión de su autora con el sufrimiento y muerte que tuvieron como escenario el lugar.

El próximo año al cumplirse los cien años de dos acontecimientos como son los sucesos de Bories y Puerto Natales y la visita de Gabriela Mistral, ambos a todas luces trascendentes en nuestra historia como conglomerado humano, bien vale la pena darles el significado que corresponde en nuestra memoria histórica. Espero que autoridades y ciudadanos estemos a la altura de dichas conmemoraciones.

Ramón Arriagada