En Puerto Natales, gracias a la educación, entregada por la Congregación Salesiana, la Iglesia se ha ganado un lugar importante en la percepción de generaciones de jóvenes que recuerdan con respeto y cariño la formación recibida en sus aulas.

Pero esta relación entre la Iglesia y  el colectivo social en Puerto Natales no ha sido fácil. Releyendo y recogiendo información importante de nuestra historia, me he encontrado que desde los primeros años de nuestro poblamiento como ciudad, a partir del año 1911 y la apertura del primer colegio, el que lleva por nombre Monseñor Fagnano (1919 ) en honor al primer enviado de Don Bosco a la Patagonia; los guías apostólicos que llegaron a este lugar, debieron enfrentar la prédica en su contra por parte de los sindicatos obreros de orientación maximalista.

Tanto anarquistas como  marxistas se prodigaban por  desarrollar propaganda anti-religiosa. Para ambos, el obrero asalariado pobre de la época debía luchar por su felicidad aquí en la tierra y no esperar la muerte para ser feliz. Acusaban a los sacerdotes de la época de sugestionar a los más  ignorantes, “inculcándoles miedo a lo indefinido y llevarlos a una sumisión y mansedumbre vergonzosa e irritante”.

Con un movimiento sindical en ascenso hasta el año 1919 y controlado por dirigentes anticlericales, que montaban sus propias escuelas de formación política, no exentas de un sentido de la vida  moralista; no permitían a sus afiliados vidas licenciosas alrededor del alcohol, los garitos y la prostitución. Cuestión para ellos fundamental en territorios de hombres solos.

Pero, bien sabemos, que el movimiento sindical, a raíz de las violentas represiones de los hechos de Natales-Puerto Bories (1919), Federación Obrera Punta Arenas (1920) y estancias argentinas (1921), sufre una derrota, entrando en un proceso de desintegración en los años siguientes, hasta reaparecer a mediados de los años treinta.

Este repliegue del movimiento obrero anticlerical, fue propicio para los salesianos, puesto que pudieron establecer sus colegios en Puerto Natales. Mención especial para Juan M. Alberti, cura salesiano, encargado de abrir el primer colegio salesiano en el poblado. Fue también el primer cura párroco.

Luego llegaría, justo en 1930, otro sacerdote italiano extrovertido. Se llamaba  José Savarino; quienes lo conocieron dicen, era un orador convincente y obcecado. Recibió de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, el templo parroquial que se erige frente a nuestra plaza. Fundó la primera banda instrumental salesiana. Su único error… haberse quedado muchos años en Natales. Le tocó en 1935 el inicio del proceso de rearticulación del movimiento obrero.

La guerra que divide a la pequeña ciudad en dos trincheras se iniciará el día 29 de septiembre de 1935. En la portada del diario El Esfuerzo de los trabajadores de campos y frigorífico, aparece un gran titular “Savarino ad portas”. El articulista  señala “Savarino está inhabilitado para enseñar Religión y Moral en la escuela pública, ya que medio pueblo sabe que es un fornicador formidable”. Ello, porque el salesiano, alegaba su derecho a hacer clases de religión en la única escuela estatal del lugar.

Releo el largo expediente, también los diarios de la época y me parece estar frente al guión de una película italiana felinesca, con “raccontos” moralizantes y actos de apoyos en favor del sacerdote involucrado y el acusador, Pedro Millacari Guerrero, director de la publicación. De este último, se habla de su afición al alcohol  y de sus 8 detenciones por rencillas e injurias. Los defensores del sacerdote, injustamente acusado, llenan el Cine Palace. En tanto, en la sede de los trabajadores, un gran acto con un cartel acusatorio “La Acción Católica realiza una malvada maquinación fascista”. No sigo en mi relato, pues da  para un largometraje, y el espacio para esta columna llegó a su The End

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