La investigación comenzó a ejecutarse el año pasado y el levantamiento de la información requerida ha considerado varias etapas. Según explica el MSc. José Luis Cabello, investigador que lidera el proyecto, una de las acciones más relevantes se concretó durante el mes de enero y apuntó al análisis etológico (disciplina que estudia el comportamiento animal en su medio natural) del puma en el Parque Nacional Torres del Paine.

En este quehacer participaron cuatro alumnos de Medicina Veterinaria de la Universidad Mayor. Los jóvenes realizaron su práctica profesional y estuvieron dirigidos por la doctora Beatriz Zapata, etóloga de fauna silvestre, académica de la Universidad Mayor e investigadora asociada al proyecto.

El grupo de trabajo se instaló en las áreas que tienen mayor densidad de pumas en el parque y en sus límites. En un periodo de tres semanas el equipo se encontró con varios ejemplares, entre los que había individuos de ambos sexos, jóvenes y adultos, además de hembras con sus crías. Fueron captados en situaciones cotidianas como durmiendo, cazando o comiendo.

“En el fondo se trata de situaciones que pueden ser de uso turístico, pero que requieren de un análisis que ayude a evitar un eventual peligro para la persona”, advierte el médico veterinario.

La evaluación implicó el registro in situ de su comportamiento ante la presencia de personas. Esto permitió advertir que en algunos casos hay una errónea interpretación sobre el comportamiento de los pumas frente a los humanos y lo que puede resultar peligroso para ellos.

“Quienes trabajan en turismo no tienen un manejo profesional en el avistamiento de especies típicas de la zona”, advierte José Luis Cabello, aclarando que, a pesar de esta falencia, existe gran interés de este sector por fortalecer sus conocimientos y atender con responsabilidad a esta demanda que ofrece el turismo en el Parque Nacional Torres del Paine.

“Hay atracciones, como el avistamiento de guanacos, el operador turístico no las ve como tales y éstas generan gran interés para los visitantes, lo que fortalece la calidad de su experiencia. Pero también están los turistas que no se da cuenta de los peligros que corre cuando salen de los senderos habilitados. Ejemplo de ello, es el caso de un turista alemán que fotografiaba a un grupo de guanacos y cerca de él había un puma comiendo una cría de guanaco, lo que evidentemente era una situación de riesgo para el visitante”, explica.

La doctora Beatriz Zapata comenta que en general hay poca información sobre el puma, especie que se encuentra presente en todo el continente americano. Años atrás se investigó la ecología del puma, pero no se han realizado estudios sistemáticos referidos a un tema concreto como el avistamiento de la especie en su hábitat natural.

Califica como reciente la línea de investigación que ha surgido y que se refiere a cómo el turismo puede promover la conservación y el bienestar de los animales. Aunque ha ocurrido en otras intervenciones humanas en el ambiente de los animales, se espera que no haya un efecto negativo sobre ellos. 

La especialista propone que el turismo en fauna silvestre es beneficioso porque se reduce la caza ilegal de la especie, ya que ésta comienza a generar interés. Esto puede ayudar a obtener recursos para favorecer la investigación. Lo negativo es que puede haber un abuso de la visitación en los lugares en que la especie se desplaza afectando su adecuación biológica. Para combatir eso se requiere conocimiento sobre la ecología y el comportamiento natural de la especie en su lugar, y poniendo reglas que consideren aspectos varios que resguarden a la especie y la seguridad de las personas.

“Los turistas deben estar bien preparados para observar a los turistas ya que no deben actuar de manera negligente, lo que también puede afectar al puma. Todos los problemas pueden surgir por la falta de información. Este proyecto es pionero y se va a generar mucha información, pero éste es el punto de partida. Estamos logrando entender el problema, pero después tendremos que entregar sugerencias para ver si éstas son las adecuadas”, advierte.

La visión de Conaf

“La observación de pumas comenzó a ponerse de moda hace unos años, pero con escasa regulación. A partir de eso, la Conaf estableció restricciones a quienes se salían de los senderos para desplazarse dentro del parque. Pero la actividad siguió realizándose fuera del parque. Vimos que ‘remar contra la corriente’ no era la mejor solución, sino que debíamos abordar el problema y regularlo, para que se pudiera hacer de la mejor forma, y para que esa referencia se use también fuera del parque”.

Así se plantea Michael Arcos, coordinador técnico del Parque Nacional Torres del Paine en la Conaf, sobre el valor que el puma adquirió como objeto de observación de turismo tanto en el parque como en sus alrededores.

Turismo responsable

En el marco del proyecto, CEQUA ha trabajado en una propuesta de normativa destinada a establecer una pauta para favorecer el avistamiento seguro de pumas que satisfaga las necesidades de la Corporación Nacional Forestal. A eso se suma una revisión bibliográfica sobre el turismo con carnívoros en el mundo, que abarca desde tiburones, pasando por tigres y osos. De hecho, los lugares más reconocidos a nivel mundial para observar especies de este tipo son Pantanal, en Brasil, con los jaguares; India, con los tigres; y África, con grandes felinos como leones, leopardos, chitas y hienas.

El investigador CEQUA resalta que el estudio es el primero que aborda el turismo con una especie potencialmente peligrosa en Chile como el puma.

No hay estimación poblacional acerca de cuántos pumas hay en el Parque Nacional Torres del Paine. La Corporación Nacional Forestal (Conaf) cuenta con antecedentes en las áreas de mayor densidad de la especie, pero no se recomienda proyectar esta población a todo el parque ya que puede dar una cifra distorsionada a la realidad.

“Lo que sí sabemos es que la densidad debería ser una de las más altas del mundo en ciertas áreas del parque. ¿Por qué? No se sabe y por ello se necesita investigación sobre la especie en el parque”, refuerza.

“El objetivo del proyecto no es saber cuántos pumas hay. Nuestro objetivo es mejorar la seguridad en el turismo y eso es súper importante. Nosotros no vamos a decidir qué se hace con el puma, sino que vamos a entregar la información a la Conaf para que ellos tomen decisiones administrativas dentro del parque. Lo bueno de esto es que la gente que está fuera del parque y que trabaja con pumas quiere sumarse a la normativa del parque”, agrega.

Entre las actividades realizadas con apoyo de los alumnos de la Universidad Mayor, se midieron las distancias entre los pumas y las personas que los observaban. Se analizó como factor de riesgo el número de personas que miraban a los felinos al igual que el tiempo de avistamiento. Se instalaron trampas-cámara para apreciar -con fotografías y videos- qué sucede en los lugares de observación. 

Lo otro es el comienzo de la operación dentro del parque de equipamiento satelital de la Conaf referido a información sobre el comportamiento de los pumas. Se trata de una marcha blanca que posteriormente se les entregará a los operadores turísticos dedicados al avistamiento de pumas.

El equipo que trabaja en el proyecto CEQUA está aplicando encuestas a los visitantes y al público en general sobre la  percepción de seguridad que tienen sobre la especie y su conocimiento general sobre ella. Esto, explica, entregará una idea sobre qué tan importante es para las personas la seguridad en el PNTP y qué tanto saben sobre este tema.

“Hay europeos que no tienen mayores antecedentes sobre estas especies. Está el ejemplo de los alemanes que no apoyan métodos de seguridad porque ellos no tienen conocimiento sobre los eventuales riesgos de la especie, ya que no cuentan con grandes felinos. En general en algunos países no tienen conciencia de que la fauna puede ser peligrosa, porque vienen de una Europa que dejó de ver osos y lobos hace más de 50 años a excepción de los zoológicos”, sentencia José Luis Cabello.

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