En este territorio de hombres solos, cuando la actividad en los campos y frigoríficos fue  decayendo, debido a la prohibición del gobierno argentino de faenar los animales de sus campos en establecimientos fuera de la frontera (1948), se va dando una lenta reconversión de matarifes, puesteros, arrieros, esquiladores, para incorporarse a las faenas de explotación del carbón en Río Turbio. 

El punto de encuentro de los hombres solos serán los establecimientos nocturnos que funcionaban en la calle Prat y sus alrededores. Son los años cincuenta del siglo pasado, donde los quilombitos o casas de tolerancia, llegaron a una suerte de sana competencia, para entregar a sus parroquianos el mejor de los espectáculos en vivo con orquestas que  bajo la luz de un “petromax” hacían el deleite los fines de semana, cuando Natales con dificultad tenía una rechinante central eléctrica

A uno de estos lugares llegaron cercano a la Navidad de 1967 nuestro insigne escritor  Francisco Coloane acompañando al famoso poeta ruso Eugenio Evtuschenko, quien había nacido en 1932 en Siberia, por lo tanto, su sensibilidad fue impactada por los parajes vistos en el camino de Punta Arenas a Natales. Se sintió en su lejano terruño. Instalados en el Hotel El Cisne de Cuello Negro y para acortar la larga claridad nocturna de esos días, se fueron de copas al barrio pecaminoso natalino. La visita y lo que allí sucede ha dado lugar a una de las más bonitas páginas de la literatura chilena, cuyo autor es Volodia Teiltelboim, el relato lo tituló  “La hija de León Tolstoi”, publicado en su libro “Hombre y Hombre”. El relato fue avalado como real y fidedigno por el mismísimo Francisco Coloane.

Llegados al barcito del lenocinio natalino son presentados Evtuschenko y Coloane a la mesonera, quien denota inmediatamente, interés por tan importantes visitas. Es manifiesto su conocimiento de literatura que desconcierta a los ilustres clientes. El ruso se caracterizaba por ser un admirador del idioma castellano -lo hablaba casi perfecto- le pregunta a la mujer ¿Conoce usted algún escritor ruso? Prontamente responde la anfitriona ¡Sí, varios! y prosigue el relato de Teitelboim, “¿Conoce a León Tolstoi? -¡ Sí!- ¿Qué conoce de él? Varias cosas, responde la damisela oscurecedora y equivoquista. ¿Cuales? Nómbreme una. Ana Karenina. ¿Conoce Resurrección? La mujer contesta: yo soy un personaje de Resurrección. ¿Cuál? Katiuscha Maslova.

Al nombrarle la interrogada otros libros de Tolstoi, el poeta Evtushenko, comienza a sonreír, mostrando incredulidad ante lo escuchado; el ensimismamiento del poeta se rompe, cuando irrumpe un convite sumamente antiguo, un millón de veces oído en los burdeles pobres o lujosos,  ¡Vamos a mi pieza!. 

Volodia Teitelboim describe la estancia en la pieza de la asilada  socarronamente, “helo aquí en el taller de trabajo horizontal de una mujer de la vida, donde ella atiende sus negocios, recibe a sus clientes y amigos…”. Efectivamente las paredes de la habitación tenían humildes estantes con muchos libros. Se queda atónito cuando descubre el único cuadro del cuarto, “Sí ¡convéncete! León Tolstoi preside la pieza de ese cisne perdido”.

El poeta grita entusiasmado. ¿Cómo? ¡Tolstoi! Entusiasmada la muchacha le comenta con alegría…”cuando mis amigos de las estancias entran a esta pieza, miran siempre el retrato y muchos preguntan: ¿Quién es ese caballero? Comprendo que no puedo entrar en explicaciones que no comprenderían. Casi siempre vienen muy apurados. Sólo les contesto: “Es mi padre”.

Exaltado el poeta confiesa que cuando regrese a Rusia, escribirá  un poema  que tendrá por título  “La Hija de León Tolstoi”. Está pendiente saber si existió el poema prometido. Eugenio Evtushenko, muere lejos de su Rusia natal el primero de abril de 2017 a los 84 años. La musa natalina del poeta ruso ni siquiera dejó rastros de su vida mínima en su paso por el Natales pecaminoso de los hombres solos.

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