2020: El año “negro” para la inversión extranjera en Latinoamérica

Por Moris Beracha

La pandemia, además de caos y desolación, también se ha traducido en un periodo de total rezago y adormecimiento de la economía mundial. Las pérdidas son incalculables y será a partir de 2024 cuando los países retomen los números de 2019.

De esta pesadilla mundial no escapa Latinoamérica, zona que ha sido la que más impacto negativo ha recibido como consecuencia de la crisis sanitaria. Un informe de las Naciones Unidas destaca que las inversiones extranjeras en la región cayeron en más de 45%, cifra muy superior al promedio mundial de 35%. Además, el mismo papel de trabajo destaca que la recuperación será lenta.

El documento es el estudio anual de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y en el mismo se revela que América Latina recibió el año pasado solo 88.000 millones de dólares en inversiones extranjeras directas, mientras que en 2019 la cifra se remontó a 160.000 millones. Atrás quedó el interés de los inversionistas por venir a conquistar la llamada “tierra de oportunidades”.

De acuerdo con el informe, las economías regionales sucumbieron ante la muy pronunciada baja en la demanda de las exportaciones, descenso en los precios de las materias primas (uno de los principales atractivos de América Latina) y la casi desaparición del turismo. Ello ha significado, según el director de Inversiones y Empresas de la Unctad, James Zhan, “una de las peores contracciones en la actividad económica del mundo”.

Entre los países en los que se observó mayor contracción en el indicador se encuentra Brasil, donde el nivel de inversiones sucumbió 62%, debido a la disminución de las inversiones para actividades como extracción de petróleo y gas, suministro de energía y servicios financieros. Las pérdidas se estiman en unos 25.000 millones de dólares.

Mientras tanto Perú está considerado como una de las peores recesiones económicas globales, ya que un “coctel”, en el cual se combinó inestabilidad política y crisis pandémica, provocó el derrumbe de las inversiones desde 8.000 millones de dólares en 2019 hasta 982 millones en 2020. 

Al desplazarnos hacia Centroamérica tenemos que el documento señala que la caída fue de 24%. Esta cifra fue apuntalada por México, país en el cual las ganancias fueron reinvertidas y la inversión extranjera solo se redujo 15%, hasta totalizar 29.000 millones de dólares el pasado año.

Y los pronósticos son para nada alentadores. Para el presente año, la Unctad prevé que se mantengan bajos los niveles de inversión extranjera y vaticina que será hasta 2023, cuando en Latinoamérica comience a visualizarse la “luz al final del túnel”. Eso es un año más de lo que se estima a nivel global. No obstante, hay que estar atentos al clima político de la región, por cuanto la situación añade un ingrediente negativo al panorama de incertidumbre.

Además, se prevé que los capitales extranjeros que quieran regresar o establecerse en la región coloquen sus recursos en proyectos relacionados con energía limpia, ya que el llamado “nuevo progreso mundial” apunta hacia un planeta sostenible. 

Definitivamente 2020 fue un año “negro” para la inversión extranjera en Latinoamérica.