Durante los últimos cinco años las pequeñas y medianas empresas (Pymes) han enfrentado una serie de dificultades. Altas tasas de interés para acceder a un crédito originadas por las presiones inflacionarias, un crecimiento económico que rondó apenas el 2%, leyes laborales como las 40 horas y el aumento del salario mínimo que han incrementado considerablemente los costos en este segmento de compañías, que representa nada menos que casi el 50% de puestos de trabajo formales en Chile.
Si bien se pueden comprender las razones que están llevando a las autoridades a tomar una decisión que aumentará el precio de los combustibles, esta medida es un elemento adicional y de alto impacto en materia de costos a las Pymes, especialmente las que tienen actividades más dependientes del uso de hidrocarburos para su actividad.
En consecuencia, podríamos continuar en un círculo vicioso: sin financiamiento, se atrasa el pago a proveedores, aplazan inversiones, se frena la contratación y, finalmente, aumentan los niveles de incumplimiento. El sistema financiero tradicional ha endurecido las condiciones para las pymes, viéndolas más riesgosas, especialmente cuando ven que sus costos se van incrementando.
Ante esta compleja realidad, las Pymes deben enfocarse en mantener sus costos bajo control, implementar procesos de automatización y evaluar cuidadosamente qué costos pueden trasladar a sus clientes sin afectar las ventas, para proteger su rentabilidad y sostener su operación frente a un entorno económico desafiante.
Junto con esto, los paliativos que se discutirán en el Congreso deben considerar a las pequeñas y medianas empresas en su conjunto más que a un sector en particular, estas generan empleo, competencia, innovación y desafían la concentración económica.
Gustavo Ananía
CEO de RedCapital
