Cuando pensábamos que después de todo el malestar manifestado por la mayoría de los chilenos, se habría dejado en claro las necesidades que apremian hoy a la ciudadanía, llega un personaje siniestro a tirar por tierra todo el trabajo hecho por otros parlamentarios más sensibilizados por las carencias y el dolor de las familias chilenas.

Carolina Goic, una persona que siempre se llena la boca con palabras de aliento y queriendo mostrarse cercana con la gente, hoy, con su indiferencia, dio un espaldarazo al proyecto impulsado por el ejecutivo de un retiro de un 10% lleno de trampas, letra chica y más problemas.

Es inevitable que uno se pregunte por que hay gente que vota por este tipo de personas que, al llegar al poder, se olvidan de todo tipo de promesas hechas a los más necesitados, para solo obtener un voto. Luego en su lugar de privilegio, hacen y deshacen sin miramientos, todo esto para buscar su beneficio y acomodo en una burbuja llena de procesados, mentirosos e inescrupulosos que no son capaces de ver y legislar de acuerdo a lo que la gente pide.

Gracias a la abstención de hoy la comisión unida de Hacienda y Trabajo del Senado aprobó en general el proyecto de ley del Gobierno para un retiro de ahorros previsionales.

Lo lamentable de esto es que sabia ella y los otros dos senadores que se abstuvieron, Juan Pablo Letelier y Jorge Pizarro, que si no votaban en contra, sus votos pasarían a ser parte de los favorables, cuestión que usan muchos políticos como excusa para después usarlo en su defensa diciendo que “no apoyaron” la iniciativa.

Como comentario, siempre e pido a la gente que al votar no mire el partido político, mire a la gente, a su trabajo social, a esas personas que hacen cosas sin andar apareciendo en los medios de comunicación dándose con una piedra en el pecho mostrando sus bondades. Que deje de votar por caras bonitas y promesas baratas, que como en muchos casos regalan alguna cosa, pagan unas boletas y ayudan el hoy para hacer de las suyas por años esperando que cuando regresen ya este todo olvidado.

Jose Soto Vera