El 12 de agosto de 1834 desde su ostracismo en Montalbán, O’Higgins meditaba sobre la libertad humana en carta dirigida a Pedro José Reyes, expresándole: “Es evidente y usted sabe tan bien como yo, que hay cosas que dependen de uno y otras que no, que somos dueños de nuestras opiniones, de nuestras inclinaciones, de nuestros deseos, de nuestras aversiones, y, en una palabra de nuestras operaciones (acciones)”.

Asumía que al presentarse en un país divisiones, como las que vivió en su gobierno, era necesario para superarlas, dar solución a los errores políticos cometidos en el accionar propio de dicha actividad y olvidar causas y responsables de ellos, a fin de buscar la unidad nacional, haciendo justamente uso de la libertad humana para lograrlo.

Mencionaba que la nación chilena no podía dejar de hacer lo anterior, ya que era un deber sagrado, produciéndose con la unión, impulsada por el más sagrado patriotismo, un adecuado poder nacional, entendido en palabras actuales, como el bienestar de todos sus habitantes.

Bernardo desde el pasado nos transmite a través de las experiencias por él vividas, la enseñanza de la unión nacional, basada en la libertad del ser humano, quien tiene la potestad de buscarla, asumirla y mantenerla.

ANTONIO YAKCICH FURCHE
Presidente del instituto O’Higginiano de Rancagua