Anclado a los estrechos l铆mites de la racionalidad ilustrada, la raz贸n positivista, la cientificista, la objetiva, la l贸gica, la pulcra, la perfecta, la erudita, la 鈥渆xperta鈥, 鈥渓a 煤nica que sabe鈥, y desde su lustroso p煤lpito de doctor en filosof铆a y Rector de una prestigiada Universidad, Carlos Pe帽a asegura que las razones que gritan en las calles nos son razones sino 鈥減ulsiones鈥 de 鈥減andillas desordenadas鈥.

Llama la atenci贸n que a un 鈥渇il贸sofo鈥 de su talla no le digan nada Horkheimer y Adorno cuando 茅stos le hacen entender al mundo que 鈥No hay tal racionalidad que nos conduzca directos hacia la humanizaci贸n鈥 pues, dadas sus limitaciones y contradicciones, 鈥渓a racionalidad ilustrada se nos ha mostrado demasiado unilateral para expresar lo humano鈥.

Tampoco le hace sentido lo que nos dice Rodolfo Kusch, tambi茅n fil贸sofo, respecto de esa raz贸n de los vencedores desde la cual 茅l habla, raz贸n que ha venido siendo transferida ideol贸gica, instrumental y pragm谩ticamente a todos los 谩mbitos de la existencia humana por parte del discurso de la 茅lite chilena dominante con tal de mantener sus privilegios al amparo del modelo humano y social que nos rige, modelo intocable para esta 茅lite, la que ovaciona con ojos casi blancos las columnas de Pe帽a cada domingo鈥  

Cito a Kusch: A diferencia del Occidente erudito, que habla y escribe desde su rigor cient铆fico-t茅cnico, desde 鈥渟u intelectualismo cientificista鈥 (p.161) y su obsesi贸n por 鈥渟er pulcros y aparentemente perfectos鈥 (p.161), nosotros, que somos parte de esta Am茅rica profunda, apostamos por 鈥渆scribir desde el punto de vista de nuestro contexto vital real y no de la raz贸n erudita鈥 (p. 159). 

Las evidencias indican que el citado Rector habla, pues,  desde la 鈥渙bjetividad鈥 de la racionalidad erudita, en definitiva, desde la racionalidad de los vencedores, racionalidad o raz贸n obsesivamente occidentalizante y  que 鈥揷omo nos ense帽a el maestro Abraham Magendzo, Premio Nacional de Ciencias de la Educaci贸n 2017-   ha invisibilizado hist贸ricamente a los perdedores; raz贸n cartesiana, raz贸n 鈥渙bjetiva鈥, raz贸n kantiana,  que es incapaz de ver a l@s que 鈥渧iven al interior de sus familias los conflictos que emanan de injustas remuneraciones (鈥),  que conocen (..) la cesant铆a, la discriminaci贸n, la injusticia.  Con raz贸n Pe帽a llam贸 hace pocos d铆as atr谩s, como si nada,  a 鈥渄esproveer鈥 (a eliminar) el dolor asociado por las v铆ctimas de la Dictadura a sus muertos y desaparecidos鈥  llamado que este 鈥渇il贸sofo鈥 hizo extensivo a la memoria herida de los pueblos originarios.  隆Impresentable!  

Para Pe帽a, hablar desde la otra raz贸n -la anamn茅tica, la de la memoria del sufrimiento anterior de W. Benjamin, la de los vencidos, la raz贸n de los perdedores- equivale a no hacer ciencia, implica no ser 鈥渙bjetivo鈥.

Es entonces aqu铆 cuando uno se pregunta por qu茅 un 鈥渇il贸sofo鈥 como 茅l, quien se lo ha le铆do todo, quien cita a todos los autores, no cita ni incorpora a sus plantillas de an谩lisis del Chile actual a los autores precedentemente citados, o  a  alguien tan cercano a nosotros como Gabriel Salazar, otro Premio Nacional, en este caso de Historia, quien, como 茅l, posee una s贸lida formaci贸n de posgrados en filosof铆a. 

Haciendo eco de las voces negadas por esa 茅lite vencedora que invoca desde la fundaci贸n de Chile 鈥渓a raz贸n鈥 para perpetuar sus privilegios y amordazar el grito emocional de los abusados y perdedores a lo largo de nuestra historia, el doctor Salazar 鈥揷omo si estuviera dirigi茅ndose al propio Pe帽a- denuncia que 鈥淟os que se han planteado desde la perspectiva de los perdedores siempre son criticados por no ser objetivistas, que no hacen ciencia鈥.

No cabe por lo tanto duda de que la raz贸n desde la cual pontifica y reacciona Pe帽a hoy contra el estallido social es la raz贸n erudita, la raz贸n apol铆nea, la 鈥渙bjetiva鈥, esa que denunci贸 Nietzsche como amputadora de lo humano.  Se trata de esa racionalidad 鈥渓贸gica鈥, cientificista, esa que tanto  da帽o le hace a los escolares de Chile, como denunci贸 por a帽os Claudio Naranjo, raz贸n estrictamente academicista y que termina  por ser funcional a los intereses de ese reducid铆simo club de privilegiados que, a prop贸sito de nuestra realidad actual, se adue帽贸 de Chile, club que adora el mantenimiento del orden, las certezas, la 鈥渙bjetividad鈥, lo 鈥渆xacto鈥, la seguridad, la raz贸n, elementos ejes de la filosof铆a de Carlos Pe帽a.     

Declarar que el estallido social de estos d铆as es pura revuelta emocional juvenil, revuelta de 鈥減andillas鈥, como hace este 鈥渇il贸sofo鈥 chileno, es un indicador inequ铆voco de que este maestro se qued贸 pegado al paradigma cient铆fico moderno, fan谩ticamente cartesiano y positivista, cuyos argumentos 鈥渞acionales鈥  -de estrech铆simos l铆mites ya que amputan y reducen al ser humano pues lo entienden solo como un ser racional-  desprecian los mecanismos psicol贸gicos y emocionales que  impulsan todas y cada una de las acciones y decisiones humanas, inclusive las m谩s cient铆ficas y racionales.

Pe帽a habla, en definitiva, desde un lugar: el lugar de los 鈥渘i帽os bien鈥; ni帽os a quienes les aterra el desorden social pues lo asocian a la emocionalidad, a 鈥減ulsiones鈥 propias del cerebro reptiliano, o sea a la irracionalidad y, por tanto, al peligro latente o inminente, confeso o inconfeso, de que se les desmorone su mundito y Estado de bienestar chilensis hecho a la medida de la gente bien.

Es obvio que su lectura respecto de lo que pasa hoy en el pa铆s es asumida a priori desde ese dogma epistemol贸gicamente reaccionario que sostiene que (cito) 鈥渓os afectos irrumpen con la racionalidad, fundamentalmente para mal鈥 porque nada tendr铆an que ver con la raz贸n, con la argumentaci贸n l贸gica, con lo epistemol贸gico, con las ciencias, con la cordura, con las funciones ejecutivas del enc茅falo y el l贸bulo frontal, ni tampoco con la democracia moderna toda vez que 茅sta 煤nicamente tiene que ver con la raz贸n ilustrada y 鈥渕oderna鈥, base arquitect贸nica desde la que se funda el Estado chileno que 茅l resguarda y defiende con su an谩lisis de 鈥渆xperto鈥濃 como si este Estado fuera aqu铆 muy racional y 鈥渕oderno鈥, por lo mismo trata de 鈥減andillas desordenadas鈥 a esas mayor铆as que denuncian en las calles la crueldad e inequidades de ese Estado chileno.

Los 煤nicos responsables de encauzar las demandas sociales de un pueblo no pueden ser -para Pe帽a y para los de su club-  esas mayor铆as 鈥渋rracionales鈥 que gritan en las calles del pa铆s sino 煤nicamente los poderes institucionales, o sea el Ejecutivo y los partidos pol铆ticos que nos 鈥渞epresentan鈥 en el Parlamento.  脡stos, y solo 茅stos, son para este 鈥渇il贸sofo鈥 chileno los depositarios, los portadores y los voceros exclusivos y excluyentes del sentir de un pueblo, sentir en el que 茅l y los de esa cofrad铆a de privilegiados que lo aplauden desde sus afraneladas butacas cada domingo no ven m谩s que caos, por lo mismo Pe帽a aboga por restablecer, ante todo, y en primer lugar, la 鈥渞acionalidad鈥 y el orden desde esa institucionalidad, no importando que el monopolio de las armas de este Estado, por orden del Ejecutivo,  tome la palabra y restablezca la 鈥渞az贸n鈥 (la raz贸n de Carlos Pe帽a) en las calles mediante asesinatos y torturas y disparando a los ojos a miles de seres humanos desarmados e indefensos, seres humanos que son 鈥減andillas鈥 para Pe帽a.

Partiendo del supuesto de que el fil贸sofo y la fil贸sofa poseen cierta habilidad para leer e interpretar la realidad desde enfoques omniabarcadores y hol铆sticos de lo humano y del todo, y (cito) 鈥渢omando en cuenta importantes hip贸tesis y resultados emp铆ricos que provienen de las neurociencias y de la filosof铆a de la ciencia鈥,  la verdad es que Pe帽a queda malparado como 鈥渇il贸sofo鈥 pues su opini贸n sobre el estallido social desatiende por completo el hecho de que las emociones y los afectos (lo que constituye y afecta en su ser y estar en el mundo a todos los seres humanos, junto a su racionalidad; emociones y afectos que 茅l descalifica y ningunea),  s铆 poseen importancia epistemol贸gica para construir conocimientos y para dar razones, razones y argumentos que no solo hablan desde la erudici贸n ni la raz贸n positivista 鈥渋lustrada鈥 y cartesiana del laboratorio ni desde el p煤lpito de 鈥渓os 煤nicos que saben鈥 en la construcci贸n y reconstrucci贸n de la historia de los pueblos.

Las razones y argumentos que se abren paso en las calles por estos d铆as a trav茅s de miles de 鈥渋nexpertos鈥 que marchan a lo largo de todo Chile son razones y argumentos que no se discursean ni comprenden metaf铆sica ni ontol贸gicamente desde la poltrona academicista de esa racionalidad 鈥渆xperta鈥, reduccionista y 鈥渆rudita鈥 que pontifica desde una c谩tedraracionalidad asociada al poder y a la que le encanta hipostasiar la realidad social. Esas razones y argumentos que gritan en las calles, gritan desde esos dos componentes irrenunciablemente humanos y que constituyen, de suyo, lo propiamente humano: la racionalidad y la emocionalidad, las que jam谩s act煤an separadas, como nos ha ense帽ado el gran neurocient铆fico y neurofil贸sofo Antonio Damasio, autor que, con argumentos irrefutables, puso en evidencia el error de Ren茅 Descartes, 鈥減adre鈥 de la filosof铆a occidental racionalista moderna.

Si en toda construcci贸n de conocimiento cient铆fico intervienen y operan 鈥渆l inter茅s, la curiosidad, el miedo, la ansiedad, la certeza, la duda, el enojo, el des谩nimo, entre otros鈥, que alguien le pregunte a Carlos Pe帽a c贸mo espera 茅l que en las calles de Chile se exprese solo 鈥渓a raz贸n pura鈥 kantiana, la de la modernidad ilustrada, positivista y racionalista, guardiana del orden cient铆fico y social del 鈥渕茅todo鈥.

En resumidas cuentas, y a juzgar por c贸mo lee Pe帽a la realidad chilena de hoy, es decir, al Chile que despert贸, se puede concluir que鈥

1.- Pe帽a est谩 cerrado a entender que las emociones y 鈥渓os afectos puedan tener un papel relevante en la construcci贸n de conocimientos鈥, incluso en los 鈥渃onocimientos cient铆ficos鈥.

2.- Pe帽a est谩 bloqueado por el dogma academicista cartesiano y positivista racionalista que jura que el papel de las emociones y los afectos interfieren 鈥渆n la racionalidad `para mal`鈥.

3.- Pe帽a ha hecho suya la verdad absoluta de que las emociones 鈥減erturban la mente, de que la irracionalidad es consecuencia de las emociones鈥 (Fridja, Manstead y Ben, 2000).

4.- Pe帽a predicar谩 por siempre a su auditorio mercurial que las emociones 鈥渟uponen un estorbo para la elecci贸n racional鈥 (Elster, 2003) e incluso que las emociones, como aseguraba el gran fil贸sofo Emmanuel Kant, 鈥渟on una enfermedad de la mente (Kant citado por Fridja, Mantead y Ben 2000, p. 2).  隆Por favor!

No茅 Felipe Bast铆as

Profe de filosof铆a / Lic. En Educaci贸n

Egr. de Mg. en Neurociencias Aplicadas a la Educaci贸n

CITAS

1.-https://www.t13.cl/noticia/politica/nacional/una-conmocion-pulsional-generacional-analisis-carlos-pena-protestas-chile2

2.- Los afectos en la argumentaci贸n cient铆fica: una 煤til … 鈥 SciELO www.scielo.org.mx 鈥 scielo                                                        3.- Mardones, Jos茅 Mar铆a, citando a Horkheimer y Adorno en Capitalismo y religi贸n. La religi贸n pol铆tica neoconservadora, Sal Terrae, Santander, 1991.                                                                                                                                                                               

4.- Kusch, Rodolfo, Am茅rica Profunda, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1999.

5.- La Naci贸n, Gabriel Salazar, semana del 3 al 9 de septiembre de 2006, p. 53.

6.- Magendzo K., Abraham; Donoso F., P.; Valu茅 C., F.; Due帽as S., C.; Kaluf A., C.; Soto L., S., EDUCAR EN Y PARA LOS DERECHOS HUMANOS: UNA TAREA PARA LOS PROFESORES DE HOY, Rep煤blica de Chile 鈥 Ministerio de Educaci贸n, Centro de Perfeccionamiento, Experimentaci贸n e Investigaciones Pedag贸gicas, ediciones CPEIP, 1992, p. 81.

7.- Damasio, Antonio, El error de Descartes, Editorial Planeta S.A., Colecci贸n Booket, quinta impresi贸n, mayo de 2016.