Paula Molina 
Químico farmacéutico

Este mes se conmemora el Día Mundial del Sida, una enfermedad que a pesar de los avances en su tratamiento, sigue cobrando casi un millón de vidas anualmente de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, haciéndonos reflexionar sobre la conducción de ésta en Chile y el mundo. 

Pareciera que el manejo del VIH sólo se basa sobre acciones frente a hechos consumados. De hecho, el Plan Nacional de Prevención y Control de VIH/Sida 2019 focaliza sus estrategias en la disminución de la brecha de personas que desconocen que son portadores (se estima que alcanzan a un 30% de los infectados) y en el aumento de acceso a  terapias para el manejo de la patología. Pero ¿qué pasa con la educación y prevención de la enfermedad? 

Chile, donde se estima que cerca de 70 mil personas viven con el virus, es el país con más casos nuevos en Latinoamérica, según el último informe del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), presentando el mayor número de contagios del continente entre 2010 y 2018, con un incremento del 82% en la prevalencia durante el mismo periodo. Estas cifras evidencian que algo está fallando –quizás- en el elemento más importante de la ecuación, ese que evitaría mayores presiones al sistema sanitario y, por cierto, resguardaría la vida de miles; la prevención. 

Por esto es fundamental aunar esfuerzos para generar nuevos espacios de conversación fuera de los recintos hospitalarios, y más allá de campañas publicitarias breves o esporádicas. Es necesario un trabajo multidisciplinario que incluya a las familias, los centros educacionales, organizaciones sociales, comercios y otros centros de salud como las farmacias. 

De hecho, estas últimas representan un acceso fácil e inmediato a un profesional de la salud, siendo clave a la hora de informar sobre los mejores métodos de protección (preservativos) y los tratamientos preventivos disponibles si existe una exposición al virus, además de educar en la importancia de la detección temprana -a través de test rápidos o exámenes de laboratorio- y orientar a aquellos que ya están con terapias antirretrovirales respecto al manejo adecuado de dosis, horarios e interacciones con otros medicamentos. 

La labor asistencial de la atención farmacéutica es participar activamente en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas. Por esto, es parte de nuestra responsabilidad acercar este tipo de información, buscando fortalecer lo que hoy aparece como el eslabón más débil para frenar y controlar esta enfermedad.