Por Danilo Díazgranados

Una de las consecuencias de la pandemia por el COVID-19 es el exceso de liquidez en las economías. Es decir, el efecto inverso a lo que generalmente crean las crisis que afectan la principal actividad de las instituciones financieras: el crédito. En pocas palabras, hay demasiado dinero en efectivo en los bancos y estos no saben qué hacer con ello.

De allí que grandes colosos internacionales como Goldman Sachs, Bank of America y JP Morgan hayan advertido a ciertos clientes corporativos que es mejor que busquen alguna otra institución para realizar sus depósitos.

La caída de la actividad económica durante tantos meses ha ralentizado no solo la capacidad de generar riqueza sino la posibilidad de crecimiento de algunos sectores tradicionales.

En este momento lo que se ve en el globo terráqueo es el emprendimiento que puede afianzarse a través de las redes o del comercio electrónico, pero la actividad manufacturara como tal se ha visto resentida. Esto unido a que la capacidad de compra de muchos ha caído producto de la baja del ingreso.

Hay además tres factores que han llevado a la acumulación de efectivo. En primer lugar, está el hecho de que la tasa de interés fijada por la Reserva Federal de Estados Unidos se mantiene en cero desde el mes de marzo de 2020. Esta medida se tomó para incentivar la actividad económica tiene una doble cara, pues en realidad afecta los beneficios financieros que deberían obtener las instituciones financieras.

En segundo lugar, está la caída de la demanda de préstamos, como consecuencia de la incertidumbre que sienten los agentes económicos en medio de la pandemia y la imposibilidad de lograr las metas de venta que le permitan los ingresos suficientes para poder pagar a tiempo esos créditos.

Un tercer factor tiene que ver con los estímulos económicos aprobados por el gobierno de Estados Unidos, dentro de los cuales están la compra de bonos emitidos por las entidades, así como los pagos directos a las familias y negocios. Esto en consecuencia no es otra cosa que la creación de más dinero.

Llama la atención otro hecho muy particular y que podría desencadenar en situaciones que no se preveían. Tiene que ver que al haber tanto dinero depositado en los bancos con rendimientos casi nulos por las bajas tasas de interés, muchos ahorrista no ven incentivos en dejar su dinero allí depositado y buscan incursionar en mercados más volátiles o en inversiones más riesgosas para poder logara un buena ganancia a corto, mediano y largo plazo. 

Esto, claro está, puede ser un aspecto positivo para los inversionistas, pero también puede resultar extremadamente peligroso para los capitales grandes y pequeños.