A las 16 horas de esta tarde en calle Eberhard 301 se rematarán poco más de 200 lotes con artículos de artesanía, souveniers, ropa y muebles que eran parte del local de artensanía Ñandú que funcionaba en la misma dirección característico por su frontis de color verde.

Este local funcionó durante unos 15 años en Puerto Natales y fue uno de los emprendimientos del comerciante Ricardo Livingston, quien admite que por la crisis económica generada por la pandemia y al no haber turismo debió tomar la decisión de cerrar la sucursal de sus locales Ñandú, quedándose solamente con el local principal, de su propiedad, situado en calle Prat 200, en plena esquina diagonal a la Plaza de Armas de la ciudad natalina.

“Este local de calle Eberhard no es de mi propiedad y yo lo arrendaba, pero con la baja en la actividad he resuelto entregar el local y cerrar la sucursal. Más del 90% del cierre es por los efectos de la pandemia”, dice Livingston.

Recuerda que en marzo del año pasado dejaron de llegar turistas a Ultima Esperanza y no tuvo más ingresos en sus locales que los tenía completamente orientados al turismo. Incluso debió reinventarse en agosto pasado al transformar su local principal con venta de alimentos.

Sin embargo, Livingston destaca el gesto de los propietarios del establecimiento donde funcionaba la sucursal: María Angélica Iglesias y José Iglesias, por la deferencia que tuvieron con él. “Afortunadamente se portaron muy bien los dueños del establecimiento. Desde abril hasta hoy ellos no me han cobrado. Les pagué contribuciones. No me han cobrado arriendo y se han portado un siete”.

En cuanto al remate de esta tarde, explica que ofrecerán sobre 200 lotes con posturas mínimas de precios que parten desde los $5 mil hasta uno de $500 mil que es una escultura. Hay artículos tejidos en lana, poleras, gredas, objetos de madera, juegos de lozas, vasos, postales, libros, posters y algunas joyas en lapislazuli. Todos artículos con temáticas regionales y nacionales.

La reconversión

Respecto a como ha sido la reinvención con el otro local, en diagonal a la Plaza de Armas, dice que desde agosto incorporó venta de frutas, verduras, frutos secos, cecinas, quesos y eso le ha permitido sobrevivir, como también comercializando los productos que genera en su huerta Granja Ñandú como mermeladas, hostalizas y huevos.

Al interior de su local Ñandú no ha podido funcionar la cafetería y hace un mes colocaron mesas en el exterior donde atienden público que degusta tortas, pasteles, jugos o bebidas.

Destaca que se acorte el toque de queda porque permite al comercio poder funcionar un poco más tarde. “Si podemos pasar a Fase 3 ya podremos tener algunas mesas adentro porque estar funcionando con mesas en la calle es bien complicado por el clima. A veces se pone a llover o sale viento”, acota Livingston.

En cuanto a si ya se visualiza algo de turismo en Natales, sostiene que ahora se nota algo de movimiento, aunque cree que el panorama para la próxima temporada debiera ser mejor. “Como llevamos un buen plan de vacunación creo que la próxima temporada debiera ser buena”, acota.