La inesperada sorpresa y posterior desastre de Cancha Rayada en la noche del 19 de marzo de 1818, hizo vacilar la libertad de Chile y la suerte de Sudamérica. Pero los patriotas ese día, aparte de la valentía, tenían un buen nivel de instrucción y disciplina. Con estas capacidades el conductor militar General San Martín tenía claro que esta campaña militar culminaría con la victoria y todos sus movimientos apuntaron a que fuera completa y decisiva.

El 5 de abril se libra la batalla en Maipú, en la que el ejército patriota derrota a los realistas, quedando asegurada la libertad e independencia de Chile. El ejército realista quedó enteramente deshecho, con un gran número de prisioneros. Al término de la batalla llega el General Bernardo O’Higgins (con su brazo en cabestrillo, herida sufrida en Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818) con milicianos, heridos de Cancha Rayada y cadetes de la Academia Militar, constituyendo medio batallón de infantería. 

Todos los patriotas que concurrieron a Maipú fueron ascendidos en un grado y a los oficiales se les otorgó un cordón de honor y una medalla que decretó el Gobierno de Chile y el de las Provincias Unidades del Río de la Plata.

El significado histórico de la victoria del 5 de abril de 1818 se basa en la convicción del General José de San Martín, al escribir en su tercer parte de batalla, que cuando inició la campaña militar contaba como cierta la victoria y todos las decisiones y movimientos que realizó iban en la dirección de lograr una victoria, cosa que efectivamente se logró. Para muchos historiadores, sin la victoria de la Batalla de Maipú no habría tenido lugar Boyacá ni Ayacucho, batallas trascendentes en la emancipación de América.