Cada 17 de junio se celebra el D铆a Mundial de Lucha contra la Desertificaci贸n y la Sequ铆a. Esta efem茅ride ambiental fue establecida hace 25 a帽os por Naciones Unidas para recordar la aprobaci贸n de la Convenci贸n para Combatir la Desertificaci贸n, el 煤nico acuerdo internacional jur铆dicamente obligatorio que vincula el desarrollo econ贸mico con la gesti贸n ambientalmente sostenible de la tierra.

Este a帽o, la reflexi贸n se ha centrado en la relaci贸n entre tres temas claves para la subsistencia humana: la sequ铆a, la seguridad de la especie y el climaLa desertificaci贸n y la sequ铆a son problemas de dimensi贸n mundial,porque que afectan a todas las regiones del mundo, con mayor o menor intensidad y de manera permanente o circunstancial. 

Contrariamente a lo que podr铆amos pensar, cuando se habla de desertificaci贸n no se trata de la expansi贸n de los desiertos, sino de la degradaci贸n de la tierra en zonas 谩ridas, semi谩ridas y subh煤medas secas, principalmente como resultado de las actividades humanas y las variaciones clim谩ticas. 

La desertificaci贸n tiene su origen en la vulnerabilidad de los ecosistemas de las zonas secas que cubren un tercio de la superficie del planeta y se debe a la sobreexplotaci贸n y el uso inadecuado de la tierra. La pobreza, la inestabilidad pol铆tica, la deforestaci贸n, el sobrepastoreo y las malas pr谩cticas de riego afectan negativamente la productividad del suelo.

Seg煤n Naciones Unidas, el 33% de los suelos del planeta est谩n siendo degradados por la erosi贸n, la contaminaci贸n, la acidificaci贸n y el agotamiento de los nutrientes, lo que hace que el mundo cada a帽o pierda24.000 millones de toneladas de suelo f茅rtil, algo as铆 como 30 canchas de f煤tbol por minuto. 

A ese ritmo, para el 2025, es decir en tan solo seis a帽os m谩s, dos tercios del mundo vivir谩n en condiciones de “estr茅s h铆drico”, es decir la demanda de agua superar谩 la oferta durante ciertos per铆odos, y 1.800 millones de personas en todo el mundo, podr铆an experimentar una escasez absoluta de agua.

Como estos fen贸menos producen ciertas reacciones en cadena en el comportamiento de las personas, la desertificaci贸n ser谩 la causa de que 60 millones de personas tengan que desplazarse del lugar que habitan en la actualidad. Una realidad muy pr贸xima que podr铆a ser inevitable si como humanidad no mejoramos sustancialmente la gesti贸n de la tierra y los recursos h铆dricos.

Una de las metas de la Agenda mundial de Desarrollo Sostenible es, precisamente, luchar contra la desertificaci贸n y rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificaci贸n, la sequ铆a y las inundaciones, de manera que los pa铆ses puedan mantener el crecimiento econ贸mico, pero con una degradaci贸n neutra del suelo o, dicho de otro modo, logrando que el desarrollo econ贸mico no incida en la degradaci贸n del suelo.

Porque hasta ahora la degradaci贸n de la tierra puede revertirse,mediante la rehabilitaci贸n y la aplicaci贸n masiva de planes de gesti贸n sostenible de las tierras, siempre que seamos capaces de implementar soluciones con una participaci贸n comprometida de las comunidades y el compromiso real de los gobiernos y el sector privado. 

El uso de la tierra representa casi el 25% del total mundial de las emisiones de gases de efecto invernadero, de manera que la restauraci贸n de las tierras degradadas tiene el potencial deabsorber hasta tres millones de toneladas de carbono al a帽o.Por lo tanto, frenar la  degradaci贸n de nuestros suelos es una de las mejores formas de lograr una mayor capacidad de adaptaci贸n a los efectos adversos del cambio clim谩tico y, por cierto, el tan ansiado equilibrio ecol贸gico.

En Chile, la mitad de los suelos ya se encuentran en alg煤n nivel de degradaci贸n. Las escasas precipitaciones  y una normativa a煤n insuficiente para el correcto cuidado de los suelos, nos han llevado lenta pero sistem谩ticamente a una situaci贸n preocupante. La mitad del pa铆s est谩 erosionado y el desierto avanza hacia el sur a un ritmo aproximado de tres kil贸metros por a帽o.

Si sumamos los efectos adversos del cambio clim谩tico, como el aumento de las temperaturas y la disminuci贸n de las precipitaciones, la situaci贸n se vuelve a煤n m谩s preocupante.

La sequ铆a que afecta actualmente a una extensa zona del pa铆s, es la m谩s  extensa registrada en nuestra historia, no s贸lo en cuanto a su extensi贸n geogr谩fica, sino tambi茅n en lo que se refiere a su duraci贸n en el tiempo, afectando a importantes sectores productivos vinculados al uso de la tierra. Es la sequ铆a m谩s severa registrada en la historia de Chile, y algunos estudios sostienen que el 25% de su extensi贸n en el tiempo se debe al calentamiento global. 

Todo esto, que puede parecernos datos muy preocupantes, pero muy t茅cnicos, no deben hacernos olvidar lo fundamental: la vida, no solo del ser humano sino de todas las especies, depende del agua y de los recursos que provee para su subsistencia.

Si no entendemos la urgencia de proteger y restaurar la tierra, utiliz谩ndola de una forma ambientalmente sostenible, nos llevar谩 inexorablemente a grandes migraciones forzadas y afectar谩 irremediablemente la seguridad alimentaria y el crecimiento econ贸mico que, a su vez, es el 煤nico camino para la superaci贸n de la pobreza y bienestar de las personas.

Tal como hace siglos lo comprendieron nuestros pueblos originarios, tierra y agua se encuentran indisolublemente unidos. Volvamos a conectarnos con los hechos fundamentales de la naturaleza, o nuestros hijos y nietos llegar谩n a creer que las frutas crecen en los supermercados.