El Estrecho de Magallanes tiene varios puntos que marcan pasajes de una historia épica, en donde la ciencia y técnica se pusieron a prueba, así como el temple y el valor, en donde la fe fue fundamental.

Fernando de Magallanes manifestó a Carlos I, Monarca español, que su empresa no tan solo era de comercio y exploración, sino también de evangelización “donde plantaremos cruces y entregaremos miles de hostias consagradas”, dando a entender que en cada cruz enterrada se celebró una misa, hecho que Antonio de Pigafetta registra en algunos pasajes de su libro, quizás no con el mismo detalle que documentos previos y posteriores de la expedición, en donde se manifiesta la férrea confianza en Dios y la costumbre de misa diaria del Capitán General, tanto en tierra dentro de lo posible como en mar.

Es de esta manera que la exploración de las aguas interiores del estrecho fueron lentas, no se tenía certeza de la salida, como tampoco del tiempo que se estaría en sus aguas. La expedición reducida a esas alturas a la Nao Victoria, Trinidad y La Concepción, fondearon en lo que denominaron “Puerto de las Sardinas”, zona que hoy se conoce como Bahía de Fortescue, (a 180 kilómetros de la ciudad de Punta Arenas hacia la salida occidental del Estrecho de Magallanes).

En esta zona fondearon y abastecieron, encontrando agua dulce, madera, apio salvaje y una gran cantidad de sardinas en sus orillas, hecho que motivo el nombre del puerto.  Desde este lugar Fernando de Magallanes y sus capitanes organizaron una avanzada, la cual estaría a cargo de Roldán, el cual partió con tres hombres a explorar la zona.

Roldán exploró la zona, subiendo un cerro desde donde avistó la salida del Estrecho, viendo lo que denominaron “Cabo Deseado”, al llegar con la noticia las tripulaciones celebraron, según las palabras del propio Pigafetta “nos abrazamos y lloramos de alegría”.

Tras una breve reunión Francisco Albo, cosmógrafo y navegante en jefe de la expedición, estableció la factibilidad de seguir la ruta llegando a lo que llamarían Océano Pacífico, celebrando misa de acción de gracias y siguiendo rumbo. 

Quince años más tarde una expedición también española pasaría por el lugar, encontrando la cruz en el Puerto de Las Sardinas, con la fecha de aquel acontecimiento y los Nao de la expedición. Corroborando la versión de Fernando de Magallanes había manifestado al emperador, siendo el lugar de la Primera Misa en lo que actualmente es territorio chileno.

La misa fue celebrada por el capellán de la expedición, Fray Pedro Valderrama, quién pasó a la historia al igual que Magallanes, evangelizando y prestando asistencia espiritual a la expedición hasta su muerte en Filipinas, en donde la expedición también instaló una cruz que existe hasta nuestros días.

Producto de este hecho diversas empresas magallánicas se unieron en un esfuerzo privado y público, instalando una cruz de 10 metros y 2 toneladas de peso en Bahía de Fortescue, (Puerto de Las Sardinas), la cual con la asistencia de la Armada constituye además una señal de navegación, la número 503 de la Región de Magallanes y Antártica Chilena, pasando a estar registrada en las diferentes cartas náuticas, prestando una ayuda fundamental para la navegación segura, siendo un punto resaltante en la zona.

De esta manera la Bahía de Fortescue (2020) o Puerto de las Sardinas (1520), pasa a ser un punto de encuentro, en donde la historia de la civilización ratificó que el mar es un continuo, que nos une una historia, un camino y en donde la fe al igual que la ilusión de ser los primeros fue marcando la ruta que hoy ya cumple cinco siglos.