Por Danilo Díazgranados

Esperar hasta el 2030 para comprobar si, efectivamente, las secuelas del virus continúan impactando el PIB de los países desarrollados, parece un periodo algo extenso.

Pero según los datos aportados por la Consultora IHS Markit, las crisis no solo provocan inconvenientes en las finanzas de un país a corto o mediano plazo, sino que su efecto devastador puede llegar a extenderse por varios años más, frenando sus proyecciones de crecimiento. 

Las estimaciones apuntan que para dentro de una década, el golpe en la economía podría traducirse en un crecimiento menor al estimado antes de la pandemia, de entre 2% a 5%, en los países desarrollados. 

De igual manera, IHS Markit prevé que las secuelas por los daños causados a los sectores del turismo y del entretenimiento (los más afectados según los entendidos), se extenderán por mayor tiempo, ya que tomará algunos años volver a considerar a estas actividades como “seguras”.  Los trabajadores de estas áreas con menor formación son los más impactados, ante la imposibilidad de reinsertarse en otras labores.

Al igual que otras áreas de la economía, la empresarial también acarreará fuertes consecuencias, al elevarse los niveles de endeudamiento, lo que trae consigo el incremento en las quiebras. De igual manera, se vaticina una fuerte inversión en robótica, ante lo cual también se ha hablado de sustitución de mano de obra. Allí urge que los empleados estén preparados para los cambios que se sucederán. 

Se observa una fuerte tendencia a la aceleración de los procesos de implantación de tecnología digital en la industria manufacturera. La necesidad de contar con nuevas herramientas de comunicación para aligerar procesos industriales se acrecienta con el paso del tiempo.

A la par de lo antes indicado, tenemos que la productividad se verá disminuida ante el rompimiento de las cadenas de suministro mundiales. La globalización se ralentizará. 

El tiempo pasa muy rápido. Urge que los gobierno y las empresas adopten los cambios pertinentes para tratar de volver a la senda de crecimiento que tenían previo a la aparición de la pandemia, para de esta manera evitar mayores daños a futuro en la economía. El 2030 está a la vuelta de la esquina y se está más que seguro que los países desarrollados están adaptando sus estructuras para minimizar el impacto.