Angustiada ante el dolor de su hija, cuyo cuerpo se encuentra cubierto de llagas, una joven madre natalina tomó la determinación de viajar a Santiago, sin importarle el estallido social, la pandemia, el inminente plebiscito, ni menos el hecho que nunca ha pisado la capital del país. La razón que la mueve a hacer frente a un escenario sumamente complicado responde a la urgencia de encontrarle un diagnóstico y un tratamiento médico a su pequeña de tres años de edad.

Katherinne Santana, 25 años, viaja mañana al norte con su hijita Emilia Mayorga, a quien le diagnosticaron una dermatitis atrópica grave. Todo lo anterior como primer diagnóstico, porque no existen exámenes de por medio que permitan confirmar la prescripción preliminar.

Los primeros síntomas

A los cinco meses de vida -cuando comenzó a comer- la pequeñita empezó a presentar los primeros síntomas que se manifiestan con cortes en la piel, lesiones similares a quemaduras y resequedad.

Los dolores que presenta y que en la medida que la menor comenzó a hablar y hacerse entender se los manifiesta a sus angustiados padres, le impiden dormir por las noches, permaneciendo durante el día acostada, sin poder levantarse, correr y jugar como cualquier otro niño de su edad.

Durante estos años ha recibido muchos diagnósticos desde varicela, pasando por sarampión y sarna. Luego de múltiples gestiones en septiembre de este año, tras ser atendida por telemedicina, se le entregó un tratamiento que debía comenzar a realizar en el Hospital Augusto Essmann. Al ingresar al recinto asistencial debió esperar por varias horas antes que le practicaran el examen PCR, el cual resultó positivo por lo cual se le comunicó que debía irse a su hogar junto a su hija. No obstante, la joven mamá reclamó por esa determinación, ya que la enviaban a su domicilio donde los esperaban su pareja y su otra niñita de cinco años. Al hacer público su caso a través de redes sociales, mamá e hija fueron enviadas a una residencia sanitaria.

En absoluto desamparo

Desde ese momento se puso término a todo tratamiento médico para su pequeña, cuyo estado de salud ni siquiera fue supervisado por un doctor, quedando en un total desamparo por parte del sistema de salud público.

Sin embargo, durante ese tiempo, desesperada ante tanta adversidad y por el sufrimiento de su pequeña, se contactó con una doctora particular en Santiago, quien le recomendó viajar a la capital para los exámenes e iniciar un tratamiento. Por ello, de inmediato, se puso en campaña para contar con los recursos económicos que requiere una atención de salud particular. En esta tarea contó con el apoyo de la presidenta de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos, Belén Davey, y de la radio Natales y su conductor Arturo Pérez, entre otras personas solidarias.

Ella se encuentra cesante, al igual que su pareja, por lo que el traslado a Santiago y su permanencia en la capital -por espacio de a lo menos un mes y medio- era un sueño imposible.

Agradecida de tanta solidaridad

“La verdad no tengo los medios para viajar. Todos estos meses han sido difíciles para nosotros. El tratamiento de la Emilia de por sí es carísimo y su alimentación es especial”, señaló Katherinne Santana. Ante el buen resultado de la iniciativa para reunir dinero, dijo que “estoy muy, pero muy agradecida de la gente, que se haya puesto la mano en el corazón en un momento que es difícil para todos. La mayoría de las personas está sin pega y la economía está muy mala”.

Sumado a lo anterior, confiesa que recibió palabras de apoyo que “siempre se necesitan para seguir teniendo fe. Una a veces se siente desvalida, abandonada, pero la gente me ha demostrado que una no está sola, y que siempre hay una puerta solidaria que se abre”.

En una ciudad desconocida

Agregó que “nos vamos el 22 de octubre (mañana) a Santiago. Yo me voy aterrada por el estallido social y por el hecho que nunca he viajado, pero tengo la esperanza de encontrar una solución para la situación de salud de mi hija. Viajo con toda la fe del mundo para saber finalmente qué es lo que tiene mi pequeñita”.

Katherinne ahora espera ubicarse rápidamente en una ciudad inmensa y desconocida, para comenzar la atención médica de Emilia y con ello alimentar la esperanza de que las heridas que laceran la frágil piel de su hijita pasen a ser nada más que un amargo recuerdo, que el tiempo se encargue de borrar.