La inversión que falta

Sr. Director

Hace poco menos de un año, nada en tiempos en diplomacia internacional, el basto y cómodo núcleo de proveedores chinos y rusos era más que suficiente para satisfacer las fauces de la industria Europa, a tal punto que su interdependencia parecía incuestionable para toda América Latina, cuyas cuotas de producción y costos de envío se ven marcados por una distancia más que considerable. Esta misma realidad del pasado es la que hoy se encuentra completamente transformada, en un contexto donde Rusia sufre una avalancha de sanciones que se continúan sumando al ritmo que la desconfianza hacia las políticas nacionalistas chinas, y su manejo de la crisis inmobiliaria y de pandemia, dejando un mar de dudas en materia de inversiones.

El punto clave en esta cuestión es la -estabilidad a largo plazo- una condición que ni el oso ni el dragón parecen cumplir, por un lado, el poder absoluto que está construyendo Xi Jinping sumado a las claras tendencias bélicas de cara a Taiwán ensalzan una postura desde ya poco provechosa desde el punto de vista extranjero, poniendo en duda los principales focos de inversión, incluyendo la hoy dudosa “nueva ruta de la seda”. La posición de Rusia es incluso peor, proyectando no sólo un futuro de escasa inversión extranjera sino además sufriendo el escape masivo de empresas, cuyo desguace son vendidos a un mercado interno cada vez más empobrecido.

Esta serie de eventos desafortunados se corona con la prolongación indefinida de una más que innecesaria la guerra que desgastará a la Federación Rusa incluso muchos años después de perderla o terminarla, recordando que para la Unión Europea las sanciones son mucho más difíciles de sacar que de poner.

Sin embargo, esta también es una oportunidad para que la casta política se olvide de las diferencias y resuelvan las grandes carencias del MERCOSUR, trazando nuevas estrategias en materia de logística y tratados internacionales, que ayuden a consolidar un nuevo núcleo de proveedores de materia prima con valor agregado enfocado a la cada vez más urgida comunidad europea (que representa un 20% de la economía mundial). Lo que implica abordar un nutrido paquete de reformas legislativas y de política económica, para atraer inversión de capital extranjero, estabilizar la moneda local, liberar restricciones a la exportación y reducir la presión tributaria con garantía de largo plazo, como fórmula para atraer empresas, aumentar las reservas en divisas y generar trabajo de calidad.

Estamos hablando no sólo de cómo América Latina puede proyectar una imagen de seriedad y solidez de cara a los mercados internacionales sino de reformas de fondo, que permitan el crecimiento de industria, la producción y reducción de costos logísticos dentro de un plan coordinado para revitalizar los puertos y las vías ferroviarias al interior del país. Aquí es importante destacar la necesidad del trabajo conjunto y coherente entre el poder ejecutivo y legislativo de cara a volver a posicionarnos fuerte en el mundo, desplazando al “Made in China” con productos propios y de calidad, pero para esto se tiene que dejar de lado las asperezas propias del capricho y el egoísmo, pensando en los ciudadanos, que son los que más sufren la falta de empleo y oportunidades.

El cambio de óptica tiene que estar alineado con una completa reforma legislativa, y de inversiones de largo plazo en infraestructura, y no solo en las obras de inauguración “intramandato” que tanto aprecian los gobiernos inestables, para el particular caso de Argentina, además, es especialmente importante controlar la inoperancia en materia del control y condena de la corrupción, la creciente inflación (que en 2022 llegó a más del 98%) y la asfixiante presión fiscal que ahuyenta cualquier intento serio de inversión.

Desde el punto de vista práctico, la pobreza y falta de empleo genuino por lo general tienen las mismas raíces, la corrupción y la inoperancia, y perder esta oportunidad histórica y única para todos los países de Latinoamérica representaría una de las mayores muestras de eso. En este sentido el reloj marca casi un año y contando, tiempo en el que los principales países han dimensionado la oportunidad moviendo cartas en el asunto, mientras el gobierno argentino sigue durmiendo entre los fuertes brazos de la corrupción y la desidia.

Nelson Damian Cabral
Escritor – Asesor en prensa y comunicación