LATAM: “Una empresa inhumana e indolente que juega con la vida”

“Si yo no vuelo, me voy a morir”

“Latam, les tengo que decir que les falta mucha humanidad a sus trabajadores del Área de Atención a Público y del Mesón de Atención. Nosotros necesitábamos un viaje de emergencia y el trato que recibimos fue realmente inhumano. Mi esposo tenía que volar urgente a Santiago para recibir un trasplante de riñón y no hubo ninguna consideración”. 

Así con estas palabras María José Jerez Fuica explicaba a través de redes sociales la verdadera odisea que vivió con su marido Gino Torres Oyanedel al viajar a Santiago. 

Su esposo tuvo una falla renal que lo obligó a dializarse por cuatro años a través de hemodiálisis, es decir, debía conectarse a una máquina tres veces en la semana en el Hospital de las Fuerzas Armadas Cirujano Guzmán, con el desgaste físico y emocional que eso conlleva. 

Pero, en diciembre pasado, llegó la llamada que le informaba que había un donante compatible y que por fin recibiría el trasplante de riñón que requería. 

María José explica que dieron por sentado que, al tratarse de una emergencia médica, la que se acredita mediante un certificado -que en este caso fue emitido por el médico tratante- iba a tener prioridad, pero se encontraron con la sorpresa de que esto no era así. 

“Las personas que nos atendieron en el aeropuerto, que además es una empresa subcontratista de Latam, no tienen un protocolo claro frente a situaciones como ésta. De partida, la funcionaria dice que ella es de una empresa externa de Latam y que no podían solucionar el problema”, indicó.

Sin embargo, éste fue sólo el primero de los problemas con que se encontraron, existiendo, además, vuelos cancelados, por lo que había mucha gente reclamando. 

“La funcionaria nos decía que a toda esta gente se le canceló el vuelo y ellos necesitan viajar urgente a Santiago. Mi esposo le contestó: ‘Sí, pero no creo que todas estas personas se trasplanten’”, refirió.

La esposa recordó que iban con un documento firmado por el especialista tratante que decía textualmente: “El paciente requiere viaje de emergencia por trasplante”. Las funcionarias tomaban el documento y lo leían, pero decían que no podían hacer nada. Al final, enviaron a la familia al Mall Espacio Urbano (a la oficina de la aerolínea). Allí, tuvieron que esperar que las operadoras terminaran la hora de colación y, cuando los atendieron, sólo les explicaron que lo único que se considera como una emergencia por Latam son los vuelos por causa de fallecimiento. “Si yo no vuelo, me voy a morir”, les decía su marido a las funcionarias, quienes indolentes se mantenían en la negativa, hasta que lo autorizaron desde Santiago.

El paciente necesitaba viajar a las seis y media para llegar a las diez porque lo esperaban con el riñón, hasta las doce de la noche. “Ellas me decían que me entendían. Yo enojada les contesté que no, que no entendían porque ella estaba sentada con sus dos riñones y mi esposo necesitaba ponerse un riñón para poder seguir viviendo y ahí comenzaron a llamar a Santiago. 

“Fueron como cuatro horas -continuó- para que le dieran un pasaje y volvimos al aeropuerto, pero, al llegar, una encargada nos dice que sólo si alguien desistía de su vuelo o no llegaba mi marido podía subir, o sea, seguíamos con problemas, aunque desde Santiago ya habían dado el pasaje y ahí llegó otra funcionaria y revisó el computador y le dijo que tenía un embarque de prioridad, pero eso fue a las cinco y cuarto”.

Entre medio, recibían las llamadas del hospital en Santiago para ver si viajaba y si no, pues, en caso contrario, debían asignarle el riñón a otra persona. Por ello, necesitaban la seguridad de que viajaba en el vuelo. 

Para que no le pase a otra familia

“Lo que más me duele es que íbamos con dos niños, de doce y siete años, porque íbamos con la esperanza de que le iban a dar el vuelo. Fuimos a despedir al papá al aeropuerto porque sabíamos que no podíamos viajar los cuatro. Mis hijos viendo todo eso, escuchándolos decir: ‘No es mi problema’, ‘vaya para allá’, en vez de decir: ‘Vamos a llamar por teléfono y vamos a agilizar el asunto’, pero no hubo ni un atisbo de compasión”, se quejó la mujer.

La familia vivió esta odisea el jueves 22 de diciembre. El padre llegó a las once de la noche al Hospital Militar (Santiago) y fue trasplantado de riñón durante la madrugada. Hoy se recupera positivamente. Sin embargo, la familia ha dado a conocer lo ocurrido, para que esto no le pase a otra persona que necesite un trasplante.