Navegar por el Estrecho de Magallanes 500 años después de su descubrimiento es una aventura cargada con una potente reflexión histórica  enlazada plenamente con el presente y futuro de Chile, debido al espíritu de los descubridores, la importancia del Estrecho para nuestro país y las proyecciones para el futuro de todos los chilenos.

La primera circunnavegación del mundo, iniciada por Magallanes y finalizada por Elcano, con el consecuente descubrimiento de nuestro estrecho, que une los dos océanos más grandes del planeta, es un ejemplo de espíritu aventurero y de innovación. Al navegar estas gélidas aguas de fuertes vientos y clima inhóspito, rodeadas de peligros para los buques, no puedo sino admirar el tremendo espíritu aventurero de quienes se lanzaron a lo desconocido en pequeños y frágiles navíos, cruzando un océano inmenso y adentrándose a investigar cada entrada de mar que pareciese cruzar la Terra Australis y conducirlos al Pacífico. Este espíritu sin duda va de la mano del deseo de innovar encontrando nuevas rutas marítimas que permitieran acceder a oriente, a nuevos territorios y a riquezas que contribuyeran al desarrollo y grandeza de su Rey, de los súbditos y propio, tal cual el día de hoy muchos compatriotas, por medio de la innovación y con una buena cuota de espíritu aventurero, buscan iniciar sus PYMES y salir adelante en momentos difíciles. Respecto a los marinos no he conocido y espero no hacerlo, alguno sin espíritu de aventura, parte esencial de nuestra vocación, más aún al navegar el Estrecho de Magallanes y los canales australes, donde junto a la capacidad de innovar y adaptarse, son parte del día a día.

El descubrimiento del Estrecho de Magallanes marca también el descubrimiento de Chile, el cual no por casualidad ocurrió por mar. Navegando por estas aguas, es significativo saber que el descubrimiento de nuestra Patria por parte de occidente y primer contacto con uno de nuestros pueblos originarios, preludio de una mezcla que daría origen a parte de lo que somos los chilenos, fue efectuado por la expedición de Magallanes. ¿Habría acaso una forma más lógica para descubrir nuestra larga y marítima faja de tierra? La naturaleza de nuestra geografía dispuso sin lugar a dudas que marinos aventureros llegaran a lo que sería el mar de Chile y avistaran a pueblos que incluso podían hacer gran parte de su vida en una canoa, alimentándose de los productos del mar. Quizás por un tiempo hemos perdido parte de esta conciencia, pero al celebrar los 500 años de esta increíble aventura, es una excelente oportunidad para recordar que nuestro pasado, presente y futuro está ligado al mar, vía de comunicación natural entre continentes y culturas, camino para nuestro desarrollo, y que el nobel  Estrecho de Magallanes,  junto al Mar de Drake, siguen siendo las únicas vías natural que unen el Pacífico y el Atlántico durante los 365 días del año, siendo la alternativa ante un eventual problema en el Canal de Panamá y una posición estratégica a proteger y explotar.

Sumado a lo anterior, el Estrecho de Magallanes, con Punta Arenas en su costa norte y Tierra del Fuego por el sur,  son parte fundamental de las redes y las líneas de comunicaciones marítimas que nos llevan a la Antártica Chilena, donde es importantísimo volcar nuestro espíritu aventurero, innovación y conciencia marítima, que estos 500 años nos permiten potenciar,  para consolidar definitivamente nuestra soberanía y ser la puerta indiscutible de ingreso al continente helado. Finalmente, como Comandante del ATF Lautaro, con puerto base en Punta Arenas,  al surcar el Estrecho de Magallanes en sus 500 años, simultáneamente con el trigésimo aniversario del buque, cuya hoja de servicio se ha desarrollado principalmente en este Estrecho, las aguas australes y antárticas, con dotaciones de espíritu aventurero y resiliente, no puedo dejar de expresar la importancia de este hito histórico que resuena con justicia hasta nuestros días y marca una forma de ser para enfrentar nuestro futuro.