Por Danilo Díazgranados

El canciller de la Unión Europea, Josep Borrell, fue claro. Dijo que el paquete de fondos de más de 1,8 billones de euros, aprobado para ayudar a la recuperación de los países que han sido afectados por la crisis sanitaria, no es más que la “respiración asistida” para una economía en la que el COVID-19 ha obligado a poner en “coma inducido”.

Al destacar la diferencia entre esta crisis y la de 2008, Borrell recordó que la de 2008 fue de naturaleza financiera y tuvo como epicentro a Grecia, la cual fue arrastrada por la indisciplina fiscal. En ese caso, la política aplicada fue de austeridad, mientras que en 2020 la solución ha sido expansiva. “Con lo del euro se planteaba un problema de riesgo moral y aquí nadie tiene la culpa del virus”, aseguró.

Los Estados que integran la Unión Europea se vieron en la necesidad de cerrar sus economías para evitar una mayor expansión de la pandemia por la región. Y para volver a los “niveles de normalidad” antes de la crisis sanitaria, han acordado desembolsar 750.000 millones de euros en préstamos y transferencias. Parte de ello emitiendo deuda comunitaria, más otros 1,074 billones para el presupuesto comunitario de 2021 a 2017.

“Históricamente, las pandemias son grandes generadoras de cambios estructurales. Las epidemias provocan derrotas militares, cambios en las fronteras, transformaciones culturales… Probablemente, esta también tendrá estos efectos, a medio y a largo plazo”, puntualizó el responsable de la política exterior para la UE.

No sin pocos contratiempos se aprobó finalmente el desembolso de los recursos del paquete de fondos para los países de la Unión Europea, el cual, no obstante haber sido convalidado durante el pasado mes de julio, había sido vetado por Polonia y Hungría a última hora. Ello como medida de protesta ante la decisión, que no requería unanimidad, de ligar el desembolso de los fondos comunitarios al respeto del Estado de Derecho. Fue la semana pasada que comenzó a fluir el dinero.

Según Borrell, se hubiese podido avanzar en el desembolso de los recursos, pero lo mejor fue negociar, ya que se busca que no haya ruptura en la unidad. No obstante haber cedido en algunos de los argumentos esgrimidos por los países antes citados para bloquear el acuerdo, los principios de este convenio en lo referente a independencia judicial, libertad de expresión o pluralidad política quedan intactos.   

Al referirse al tema Brexit, el funcionario señaló que puede estar cerca el acuerdo final con el Reino Unido. Se impone la necesidad de un pacto, en vista de que “los problemas de una salida sin acuerdo son muy grandes”.

Los próximos días serán decisorios en la Unión Europea. Es preciso llegar a soluciones en varios aspectos que podrían impactar el devenir económico de la región, y así sacar al Viejo Continente del “coma inducido” y que respire nuevamente por sus propios medios.