Sea encintando y abrochando discursivamente cada intervención pública con un “Dios los bendiga”, como hace Piñera sobre nuestros muertos y los que fueron dejados ciegos por su policía criminal durante el estallido social y cada vez que se dirige al país;  o bien para ennoblecer o hipostasiar el anuncio de una masacre militar y policial genocida dirigida al pueblo que se alza en Estados Unidos hoy en contra del racismo asesino institucionalizado, como hace Trump al empuñar la Biblia, jurándose un Moisés bajando del Sinaí,  lo que queda absolutamente claro es que todo ello sólo podría ser justificado por quienes han reducido la fe cristiana al evangelio neoliberal  del “sálvate solo”.

El evangelio neoliberal del “sálvate solo” es un recurso político e ideológico al que echan mano esos que saben que una buena parte de la sociedad cristiana occidental capitalista ha sido embobada por ese evangelio, en donde -como dice José María Mardones, QEPD y a quien de paso se le rinde aquí un homenaje- “La publicidad masiva del capitalismo moderno hace de predicador”, produciendo “cierto sentido y aquietamiento en los corazones globalizados.”

Son los típicos recursos que desenfundan esos mandamases que juran y rejuran que tod@s en estas comarcas capitalistas cristianas han comprado ese evangelio neoliberal…, evangelio que nos vende (nos ha vendido por décadas) “una cultura trivial, pero que iguala en gustos musicales, telefilmes o modas a jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo” tras la cual se fragua,  se “vende y extiende una cultura de masas  que uniforma al mundo en lo trivial y banal…”, en el “usar y tirar”; cultura que “produce una despersonalización que, sin embargo, te integra en un todo” y cuya “promesa de fondo” es “la realización y la felicidad por el tener y degustar; por ir a la moda”.

Estos mandamases dieron por hecho que ese evangelio neoliberal había inmovilizado para siempre a sus pueblos. Dieron por hecho que “La publicidad y la TV unidas por toneladas de ingenio y de análisis de marketing”, sellos de este evangelio neoliberal, habían producido en todas y en todos los ciudadanos, definitivamente y sin vuelta atrás, “el milagro de esa uniformización mundial”. 

Juraron estos mandamases que en sus reinos se había impuesto, sin contrapesos, “un sistema social triunfante y único prácticamente en el concierto mundial”; un sistema definitivamente vencedor; el que se traducía para ellos, hasta hace unos pocos días atrás, como el fin de la historia o como una “escatología hiperliberal para decirnos que lo definitivo es el reino del mercado mundial, de la era postindustrial e informatizada post-Internet y los valores del individualismo competitivo, adaptado y consumista”, o sea, el evangelio neoliberal del “sálvate solo”.

Imaginaron, estos mandamases, que la mimetización calculada y acomodada entre los valores neoliberales y las formas de religiosidad cristiana dominante inclinaría los ánimos de sus pueblos a la pura adaptabilidad al infame mandamiento neoliberal sagrado del “es lo que hay”. 

 ¡Típico: “¡Por si acaso fallara el recurso a la eficacia y al triunfo sobre sus contrincantes (…) se recurre a la religión”, lo cual se hace ofreciendo torcidos argumentos en favor del statu quo (= que nadie ni nada cambie)!  Por lo mismo, estos mandamases desenfundan a Dios y/o la Biblia cada vez que pueden. 

Esta religión, neoliberal, el evangelio neoliberal del “sálvate solo”, de la que hacen apología estos dos mandamases, sería caracterizable por los siguientes mecanismos propagandísticos, manifiestos y encubiertos.  Se citan aquí sólo dos:

a) “Se establecen afinidades, familiaridades y cercanías entre el dinamismo capitalista y la fe cristiana.” 

b) Se hace gala de “Enormes tergiversaciones religiosas al servicio de un gran objetivo: mostrar que la organización dominante que tenemos es la que debemos tener, porque hasta Dios la quiere.”  

En resumidas cuentas, sea con Biblia en mano, sea desenfundando un “Dios les bendiga”, Piñera y Trump insistirán por siempre y para siempre (o mientras las circunstancias se lo permitan), de cara a los pueblos por ellos gobernados –pueblos mayoritariamente cristianos-, que lo único que resta por hacer es conformarse con lo que hay o, dicho de otro modo, que debemos “vivir lo que hay como expresión del mejor de los mundos” porque su Dios así lo quiere. 

Pero algo les falló: no todos, no todas, en las comarcas que ellos tienen bajo sus pies, compraron los dogmas del evangelio neoliberal del “sálvate solo” que tanto defienden. El mundo entero fue testigo de lo sucedido en Chile desde el 18 de octubre… y es testigo de lo que acaece en USA hoy. El sustrato cultural de ambos países es el cristianismo. Pero son millones los que  -y no sólo en estos dos países-  se están hartando del evangelio individualista, indolente, cruel y deshumanizante del capitalismo neoliberal. 

CITAS:
Mardones, José María, Neoliberalismo y Religión, Editorial Verbo Divino, Navarra, 2001.