“Por ahora se ve poco atractiva. Pienso que más del 80% de las embarcaciones no va a salir aún. Todos no van por la pandemia y el precio”, dice José Cárcamo, dueño de embarcaciones de pesca que tradicionalmente las destina a la extracción del preciado crustáceo, cuya temporada comienza el 1 de julio y se extiende durante cinco meses.

Cada año son cerca de 400 embarcaciones de pesca artesanal que se vuelcan a la extracción de la centolla y el 80% de los desembarques se realiza en Porvenir donde hay seis plantas industriales que se dedican preferentemente al procesamiento del producto. El año pasado los desembarques bordearon las 3.800 toneladas.

La pesquería de la centolla (Lithodes antarcticus Jacquinot) también se realiza en Canadá, Estados Unidos y Rusia, pero históricamente se constituye en uno de los productos de exportación pesquera en Magallanes, aunque la distribución poblacional del crustáceo abarca desde la Región de los Lagos hasta el extremo sur austral.

En el pasado su captura era libre en toda época del año, pero cambió a mediados de los 80 cuando el producto comenzó a ser exportado masivamente por la apertura de nuevos mercados y un alza de los precios de venta, con la consiguiente retribución económica.

Su sobreexplotación llevó a tomar resguardos y se aplicó una veda que prohíbe su extracción entre los meses de diciembre y junio de cada año para proteger la reproducción.

José Cárcamo explica que tradicionalmente destina tres embarcaciones para las faenas en el sector del seno Año Nuevo, al suroeste del canal Beagle y otras tres embarcaciones se dedican al acarreo del producto desde la zona de pesca a los puntos de desembarco en Porvenir o Punta Arenas.

Afirma que por ahora el precio a pagar por el kilo de producto aparece poco atractivo porque se estima que estaría en unos $2.500 el kilo, es decir unos $1.300 más bajo al valor con el que comenzó a pagarse el kilo de producto al inicio de la temporada del año pasado.

Cárcamo espera que los precios mejoren a medida que avance la temporada y proyecta destinar sus embarcaciones en agosto o comienzos de septiembre porque actualmente las tiene dedicadas a la captura del erizo. 

“Aunque sea una temporada complicada por los precios igual iremos a la captura porque tengo compromisos asumidos. Lo más importante es que se normalice el mercado chino que es el principal comprador de la centolla”, advierte el armador pesquero.

Catalina Besnier, empresaria pesquera de Porvenir, coincide en que la temporada partirá con una crisis mundial marcada por la pandemia y un mercado chino con recesión.

Recuerda que el año pasado la temporada terminó con mejores precios pagándose casi $10 mil el kilo de producto puesto en el muelle. La diferencia ahora, agrega, al haber una recesión económica en todos los países China no es la excepción y va a bajar los precios de compra del producto.

“Nosotros procesamos centolla que se exporta como producto cocido y congelado enviándose al exterior en contenedor marítimo. El año pasado procesamos unas 134 toneladas de materia prima y esperamos que esta temporada también estemos en esos rendimientos”, resalta.

Durante los cinco meses permanecen en las faenas embarcaciones de no más de 12 metros de eslora, ocupadas por 3 a 5 pescadores. Cada semana pasan las llamadas lanchas “acarreadoras” que recogen las centollas extraídas y aprovechan de abastecer de víveres y combustible a los pescadores que saben que regresarán a la ciudad hasta diciembre.

Isaías Lemus, con más de tres décadas dedicadas a la pesca artesanal, dice que este año no destinará sus embarcaciones a la centolla porque considera que los precios están bajos y además cada temporada cuesta más extraer el crustáceo que a veces se halla a poco más de 100 metros de profundidad, atribuido quizás al cambio climático.