Retomar las buenas prácticas ganaderas, la mejor estrategia para prevenir y erradicar la hidatidosis

La hidatidosis es una enfermedad zoológica (se contagia de animales a humanos), que puede transmitirse al hombre al ingerir alimentos o agua contaminados por las heces de perros parasitados. A su vez, los perros contraen la enfermedad al consumir vísceras frescas o residuos de cadáveres de ovinos infectados que contienen quistes.

En las décadas de los 80 y 90, un intenso trabajo de control de la hidatidosis/equinococosis, realizado por el Servicio Agrícola y Ganadero de Magallanes (SAG), con el apoyo del FNDR, ganaderos y trabajadores del campo, permitió disminuir considerablemente las prevalencias de equinococosis canina y de hidatidosis ovina en la región, por ejemplo, en la categoría ovino adulto de 82.3 % el año 1979, a un 4.6 % el 2008.Sin embargo, en los últimos 11 años se ha observado un paulatino pero sistemático aumento de prevalencia durante la inspección sanitaria que funcionarios del SAG realizan en establecimientos faenadores, aumentando la prevalencia masa desde un 0,73% el 2009, para situarse en torno al 3% en la actualidad.

“Si queremos mantener esta enfermedad bajo control y evitar que las cifras continúen subiendo, nuestro principal llamado es a productores y trabajadores rurales, para que respeten la normativa vigente no alimentando con vísceras a sus perros y utilizando adecuadamente los carneaderos y fosos diseñados para el faenamiento de autoconsumo, pero además es importante dosificar a los canes presentes en el predio, donde lo recomendable es mantener un programa de desparasitación periódica y estratégica al menos cada 90 días, a fin de mitigar la eventual contaminación del campo, la propagación de la enfermedad en la masa ovina, y el consecuente contagio que puede alcanzar a la población rural y periurbana”, señala el director regional de SAG Magallanes y médico veterinario, Gerardo Otzen Martinic.

“Como parte del programa de control y vigilancia permanente que SAG efectúa en mataderos y plantas faenadoras de la región, cada vez que se detecta una categoría de ovino joven, esto es cordero o borrego positivo a hidatidosis se informa de inmediato al plantel de procedencia del animal, para verificar posteriormente que el carneadero y foso del predio, cuenten con tapa hermética, dimensiones adecuadas que no permitan el acceso de animales (perros). Adicionalmente, desarrollamos acciones de educación sanitaria, especialmente a través de comunicaciones interpersonales con los que habitan en el predio afectado”, explica Otzen.

Respecto del ciclo de contagio, el directivo es enfático en señalar, que los huevos ingeridos por los huéspedes intermediarios (bovinos, ovinos, porcinos, equinos, entre otros), se concentran únicamente en las vísceras de estos animales, las cuales son decomisadas en las plantas faenadoras y no representan riesgo de contagio para el ser humano.

Sin embargo, cuando un quiste hidatídico es ingerido por el huésped definitivo (perro), se desarrolla una tenia que se aloja en el intestino de este animal, y a través de las fecas eliminará huevos, estos huevos no visibles a simple vista pueden contaminar pasturas, agua, hortalizas, etc., o bien quedarán adheridos en hocico y pelaje canino, aumentando el riesgo de contagio al acariciarlo, o bien consumiendo alimentos contaminados con sus heces y que al ser ingeridos por un huésped o ser humano desarrollaran quistes en el interior de su cuerpo.

“El hombre se contagia accidentalmente al tomar contacto directo con el perro infectado y llevarse las manos a la boca, lo que ocurre frecuentemente en niños, con los que hay que tener especial cuidado”, concluye Otzen.