Se cumplieron 25 años de la inédita expedición antártica de la UMAG al Monte Vinson

Por estos días se cumplen 25 años de una gesta exploratoria y deportiva de la Universidad de Magallanes en sus albores de formación e investigación antártica. El 19 de noviembre de 1997, después de un año de preparación, un equipo de exploradores, científicos y deportistas de montaña, se embarcaron en un viaje hacia uno de los rincones más inhóspitos del territorio polar: el Glaciar Branscomb y la ascensión del Monte Vinson, la montaña más alta del continente antártico (4.897 metros sobre el nivel del mar).

El Monte Vinson se encuentra en la Cordillera Centinela de los Montes Ellsworth. Fue descubierta en 1966 por el alpinista estadounidense Nicholas Clinch y todo su equipo. El macizo tiene unos 21 kilómetros de largo y 13 kilómetros de ancho. Se encuentra en un sector que, hasta la fecha, sólo ha sido reclamado por Chile como parte del Territorio Antártico Chileno. Esta montaña fue escalada, por primera vez, por un equipo chileno que lideró el Dr. Mauricio Purto en 1983.

Catorce años después, nuevamente un equipo chileno se adjudicaba la cumbre. Esta vez, se trató de una delegación de magallánicos, liderados por académicos UMAG, quienes ponían la bandera en la cúspide: el doctor Julio Conteras, el aerofotogramétrico y ex alumno UMAG, Nelson Sánchez; el doctor Gino Casassa, en esa época director de Programas Antárticos de la UMAG; Jorge Quinteros, explorador de campos de hielo; Fernando Bravo, escalador y deportista de montaña, además de suboficial del ejército del regimiento Pudeto de Punta Arenas y; Alfredo Soto Ortega, profesor, explorador y educador antártico de la UMAG.

Esta primera “odisea polar” de la Universidad de Magallanes, recibió el apoyo de la Fuerza Aérea de Chile, institución que colaboró con toda la logística del traslado desde Punta Arenas, hasta el campamento de Patriot Hills en la Antártica profunda, a 80º de latitud Sur -muy cerca del mismo Polo Sur- y de ahí en vuelo con los aviones Twinn Otter hacia el Glaciar Branscomb, donde se dio inicio a la expedición. “Una tarea que no fue fácil -manifestó Alfredo Soto-, ya que el equipo en los últimos tramos experimentó un fuerte vendaval, sumado a la poca visibilidad que había, con temperaturas que bordearon los -40 grados Celsius”.

La aventura fue bautizada con el nombre de “Trilogía del Hielo”, ya que era el inicio de tres viajes extremos, porque al Monte Vinson le siguieron los Campos de Hielo Patagónico Sur y, finalmente, los Campos de Hielo de la Cordillera Darwin. A juicio del profesor Soto, “todas, zonas altamente cotizadas por exploradores del mundo, permitiendo el conocimiento del territorio antártico y subantártico tan importante para la ciencia y la investigación global”.