Solitaria maravilla en el Parque Nacional Pali Aike a la espera de m谩s visitantes

Unas 30 a 40 personas -especialmente turistas- visitan en un buen d铆a de verano el Parque Nacional Pali Aike, un sector de pel铆cula -m谩s all谩 del trabajo videogr谩fico que desarroll贸 all铆 durante 2019 el realizador Jorge Grez- en plena provincia de Magallanes. Al visitar este exclusivo patrimonio natural y arqueol贸gico, nacido a partir de fen贸menos volc谩nicos, nos preguntamos por qu茅 son tan pocos los magall谩nicos que conocen este privilegiado sector.

Los 196 kil贸metros que separan este monumento natural desde Punta Arenas parecen ser un motivo de peso, aunque el trayecto en veh铆culo hasta villa Punta Delgada -capital de la comuna de San Gregorio- ni se siente. Despu茅s viene la 鈥渁ventura鈥 de m谩s de 30 kil贸metros de ripio, en que el hist贸rico y reciente exceso de lluvias podr铆an desaconsejar a un automovilista promedio enfrentado a un camino rural barroso en alg煤n punto.

Lo rom谩ntico de esta pedregosa v铆a es que uno se siente aislado del mundo al surcarla. Una solitaria se帽al茅tica informa la distancia al Parque Pali Aike desde la Ruta 255. De ah铆 en adelante uno entra a dudar de aquella referencia, pues el rectil铆neo camino discurre largo y tendido, conectado aqu铆 y all谩 con predios extractivos de empresas energ茅ticas, sin otro cartel tur铆stico que confirme el kilometraje desandado. 

Muy tempranamente ya no hay conexi贸n con Internet, y la soledad se siente casi del todo, de no ser por la abundante fauna del trayecto 鈥損oseros guanacos y 帽and煤es sin cobrar por foto-.

鈥淟ejos muy lejos鈥 reci茅n surge el alivio ante la vista de un viejo y agujereado cartel. All铆 al menos se alcanza a leer 鈥淧uerto Natales鈥 por un lado y 鈥淧ali Aike鈥 por el otro, sin mayor diferencia a lo que ser铆a el ingreso a una estancia. Sin embargo, a煤n falta un buen trecho para llegar.

El barro de las 煤ltimas lluvias le pone algo de emoci贸n a este 煤ltimo tramo, y un cuarto de hora m谩s a煤n persiste el suspenso al no divisar nada orientativo. Hasta que enfrentamos el ingreso al mismo y un esperado letrero verde confirma nuestra llegada.

Antesala

Dos mil pesos cuesta la entrada al recinto, que se distingue de cualquier otro parque nacional tradicional -adem谩s de su privilegiado entorno y ubicaci贸n- por exhibir una m铆nima intervenci贸n. Pali Aike -鈥渓ugar desolado鈥 en lengua A贸nikenk- le hace honor a su nombre, pues uno se ve all谩 literalmente solo.

Al llegar, una atent铆sima guardaparques de Conaf nos hace una amena rese帽a de este hito regional con una maqueta a escala, como antesala a una verdadera andanada de preguntas.

Explica que el atractivo principal del parque -que data de 1970, con 5.030 hect谩reas- es la cueva Pali Aike, que integra un sendero de 600 metros de extensi贸n, con miradores y sin restricciones de acceso a ella. En su interior se han hallado restos de milod贸n y de caballo americano, adem谩s de boleadoras, puntas de flecha, de lanzas y otros artefactos que perviven hoy en una repisa -en 茅sta resalta un verdoso trozo de vidrio afilado-.

No falta la pareja extranjera en montar una carpa aleda帽a a la casa de guardaparques, como 煤nico punto autorizado y dada su cercan铆a al ba帽o p煤blico. Todo sea por abarcar a pie su extensi贸n, la que nos disponemos a conocer en un tiempo acotado, al cerrar sus puertas a las 20 horas.

Paisajes

La m谩s transitada de sus dos rutas b谩sicas lleva a distintos cr谩teres con sus valles moldeados por lava. Una primera parada ofrece una caminata de una hora y 45 minutos por una senda de cambiantes y filudos suelos rocosos. Cada paso se abre a diversas formaciones y oquedades dejadas por la lava, incluyendo el acceso a un accidentado cord贸n donde el viento imprime una adicional emoci贸n a la marcha. Se le conoce como cr谩ter Morada del Diablo.

La pr贸xima parada en veh铆culo nos lleva a corta distancia a un circuito de f谩cil caminata hacia la Cueva Pali Aike. Esta integra una colorida formaci贸n volc谩nica en cuyas faldas florecen musgos de sobrenaturales colores y degradadas piedras volc谩nicas. Dos impresionantes miradores y una caverna prehist贸rica que alberg贸 alguna vez a nuestros ancestros patag贸nicos marcan este atrayente accidente geogr谩fico. Si a ello agregamos peque帽a avifauna y el decorativo mimetismo de la 鈥減rehist贸rica鈥 lagartija patag贸nica, el deleite es total.

De m谩s est谩 decir que las hipn贸ticas escalas crom谩ticas que pint贸 este ciclo eruptivo en las paredes rocosas bien inspirar铆an un poema 茅pico, un disco de culto 鈥揳 lo Pink Floyd en Pompeya- o una pel铆cula de 茅poca al estilo de 鈥淟a Guerra del Fuego鈥.

Desde este 煤ltimo hito se puede hacer por tierra una caminata de cuatro o cinco horas -o bien 20 minutos en veh铆culo- hasta el otro paseo que resalta en el mapa del parque y a corta distancia del acceso, que constituye la laguna Ana. Su estacionamiento da paso a un mirador adonde se aprecia en plenitud esta formaci贸n acuosa que bien parece un peque帽o lago.

Aqu铆, a diferencia de colorinches mosaicos geol贸gicos, uno se enfrenta a tonalidades en movimiento, con nubes duchadas en seco por el viento desde lo alto y 鈥揳 modo de bonus track- el resaltante ros谩ceo de una bandada de flamencos 鈥渋nvitados de piedra鈥.

Desde lo alto a la planicie, tres guanacos juveniles protagonizan un espect谩culo aparte en una persecuci贸n, con uno de ellos haciendo de macho alfa. A escasos pasos de nosotros, sus guturales y envolventes sonidos cam茅lidos nos hacen pensar -al cerrar los ojos- en un paisaje antediluviano, sin nada a煤n intervenido y donde nadie quisiera perder nunca este m谩gico tesoro de comuni贸n con la naturaleza.