Hace poco más de un año abandonó su Patria, buscando mejores expectativas económicas. Jefferson Sánchez Quinteros, un joven de nacionalidad venezolana, con estudios profesionales en informática, puso sus ojos en Punta Arenas, ciudad que lo acogió tan bien que había decidido quedarse para siempre.

Sin embargo ese destino, con el que venimos todos marcados, quiso otra cosa. El sábado un feroz accidente de tránsito truncó los sueños de este joven ciudadano extranjero que, al igual que otros miles, han salido de su país en busca de un mejor pasar.

Trabajaba como auxiliar, en la empresa Bus Sur, y formaba parte de la tripulación de la máquina que el sábado salió de Puerto Natales, a las 12,30 horas, con destino a Punta Arenas.

Lamentablemente, a la altura del kilómetro 140 de la Ruta 9 Norte, sector Morro Chico, se desencadenó la tragedia.

El chofer del bus, Juan Carlos Hernández, que también perdió la vida, no pudo evitar la colisión frontal con el camión que conducía Víctor Serón Nail, quien de acuerdo a los primeros peritajes de la Siat de Carabineros, fue el camionero el que sobrepasó el eje central de la calzada y producto de ello impactó al bus de pasajeros.

La violencia del accidente carretero cobró la vida de las tres personas mencionadas: Juan Carlos Hernández, Víctor Serón y el joven auxiliar del bus Jefferson Sánchez Quinteros.

Emotivo adiós

En la sede Hijos de Maullín, en Avenida Salvador Allende 0754, en Punta Arenas, fueron velados los restos de Jefferson.

Los padres llegaron a esta ciudad el lunes en la tarde, procedentes de Mérida, luego de más de un día y medio de viaje.

Durante la mañana de ayer recibieron muchas muestras de cariño y afecto, sobre todo de los venezolanos residentes.

María Lourdes Sánchez Quinteros, hermana de Jefferson, que también vive en Punta Arenas, habló brevemente con La Prensa Austral. Lo recordará por siempre como una persona “alegre, noble y bondadosa”.

María y Jefferson son los únicos dos hijos del matrimonio. 

“Mi hermano se vino hace un año y cuatro meses a Punta Arenas buscando un mejor futuro y una nueva vida, porque allá, en Venezuela, no se puede vivir bien. Lo estaba logrando. Había avanzado bastante. Era muy feliz acá, le gustaba esta ciudad. No se quería ir”.

“Estaba completamente adaptado, incluso al frío”, comentó una amiga, Yulia Liseth Lobos Soto.

Jefferson era informático, pero aún no podía ejercer su profesión porque estaba esperando sus papeles de estudio para poder trabajar en lo que estudió.

Pasadas las 13,30 horas de ayer el funeral del malogrado ciudadano venezolano salió desde la sede Hijos de Maullín rumbo al centro de la ciudad. La columna se detuvo en Avenida Colón, entre Magallanes y Lautaro Navarro, donde se ubican las oficinas de la empresa Bus Sur. En ese lugar los colegas de trabajo le tributaron un último adiós y los conductores de los buses tocaron las bocinas por largos segundos.

Posteriormente, pasadas las 14,20 horas, el funeral prosiguió hacia el Santuario María Auxiliadora, donde se realizó el responso, y de ahí se fueron al Cementerio Municipal Sara Braun, donde los restos serán cremados.