Hablemos D

Detienen al Concejal Jorge Ruiz por «conducción bajo los efectos del alcohol»

Si, como ya se ha informado públicamente, el Concejal comunista Jorge Ruiz Águila fue detenido por conducir bajo los efectos del alcohol, entonces aquí no estamos frente a un “errorcito”, ni frente a una “situación personal”, ni frente a una “confusión” de esas que algunos intentan lavar con una publicación triste y cara de víctima. No. Estamos frente a una falta gravísima de criterio de una autoridad comunal. Y eso, en cualquier democracia seria, tiene una consecuencia política obvia: debe renunciar.

Porque no estamos hablando de cualquier concejal. En el portal oficial de la Municipalidad de Puerto Natales, Jorge Ruiz figura como presidente de la comisión de Infraestructura urbana, rural y Tránsito. Sí, de Tránsito. Del área donde justamente se supone que debe promover responsabilidad vial, respeto por las normas y cuidado de terceros. O sea, no era cualquier comisión: era exactamente la comisión donde el ejemplo personal importa más que el discurso. Y terminó transformándose en la mejor campaña de advertencia contra su propia permanencia en el cargo.

Y como si la contradicción ya no fuera suficientemente grotesca, además existen registros públicos y una nota local que lo vinculan como dueño de Radio Independiente 95.1 FM, a través de la razón social Independiente Radiodifusora Jorge Mauricio Ruiz Águila E.I.R.L.. O sea, no solo tenía tribuna política: también tenía micrófono.

No solo ocupaba un cargo público: también contaba con una plataforma comunicacional propia. Más poder para hablar, más responsabilidad para actuar. Y aun así, terminó dando uno de los peores ejemplos posibles.

Entonces la pregunta ya no es solo qué hizo Jorge Ruiz Águila. La pregunta ahora es si toda esa gente que vive pontificando en la política local tendrá la misma valentía cuando el involucrado es uno de los suyos.

Veremos si Rodrigo Utz lo pone en la palestra con la misma dureza con que ha puesto a otros. Veremos si Javier Ávalos lo despedaza con la misma pasión con que ha despedazado a otros políticos por menos.

Y veremos si Juan Salvador Miranda, siempre tan correcto cuando se trata de juzgar conductas ajenas, ahora mantiene ese mismo estándar o justo descubre las virtudes del silencio selectivo.

Porque aquí también se está midiendo otra cosa: la coherencia de los comentaristas, los operadores y los guardianes del “buen tono” local.

Porque criticar al adversario es facilísimo. Lo difícil es aplicar la misma vara cuando el cuestionado es cercano, útil o conveniente. Ahí se ve quién tiene principios y quién solo tiene puntería política. Ahí se ve quién informa y quién protege. Ahí se ve quién de verdad cree en la responsabilidad pública y quién solo la usa como garrote cuando le sirve.

Y la ley, por cierto, no está para decorar discursos. En Chile, las autoridades comunales están sujetas al principio de probidad administrativa, que exige una conducta intachable y un desempeño honesto y leal del cargo; además, la conducción bajo la influencia del alcohol o en estado de ebriedad está sancionada por la Ley de Tránsito precisamente porque pone en riesgo a terceros. O sea, aquí falló la autoridad frente a la ética pública y, al mismo tiempo, quedó expuesta frente a la ley común que rige para cualquier persona.

Por eso no basta con pedir disculpas. No basta con decir “me equivoqué”. No basta con llorar cuando uno se siente amenazado y después pedir comprensión cuando el que queda del lado del incumplimiento es uno mismo. La autoridad pública no puede exigir respeto por la ley en la mañana y terminar humillándola en la calle después. Y menos todavía si preside una comisión de Tránsito y además tiene una radio desde donde, seguramente, más de alguna vez se habrá hablado de responsabilidad, de convivencia y de conducta cívica.

Y no, esta vez tampoco sirve el comodín de siempre. Esta vez no podrá decir que fue la inteligencia artificial. La IA no tomó. La IA no manejó. La IA no presidió la comisión de Tránsito. La IA no administró una radio. La IA no convirtió un cargo público en una parodia de sí mismo. La irresponsabilidad, lamentablemente, fue bastante más artesanal: fue completamente humana.

Puerto Natales merece algo mejor que esto. Merece autoridades que no solo hablen de principios, sino que sean capaces de llegar sobrias a ellos. Merece autoridades que no se crean intocables por tener cargo, micrófono o amistades. Merece autoridades que entiendan que la confianza pública se construye con ejemplo, no con excusas.

Jorge Ruiz Águila debe renunciar.

No por capricho.
No por funa.
No por conveniencia política.
Debe renunciar porque el cargo le quedó grande.
Porque la incoherencia ya es insostenible.
Y porque cuando el presidente de Tránsito termina dando ese ejemplo, lo único que queda en verde es la salida.

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